II Botánica de los Orishas

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AMANSA GUAPO: Dueño Todos los Santos.
Para apaciguar, suavizar asperezas, conciliar y dominar.
Un amarre efectivo es el siguiente: amansa guapo, paja de maíz, la plantilla de los zapatos, una camiseta y pelo de la persona que se desee “amarrar”. El pelo se ata con una madeja de hilo del color del Santo que propicie este trabajo, junto con el pelo de la persona para quien se realiza el “amarre”.
Con el “amansa guapo” entizado con hilo blanco y negro, aguardiente, vino seco, miel de abejas y canela se obtiene lo que se quiera.
Para dolores reumáticos y musculares.

ANAMU: Dueño Todos los Santos.
Es una hierba de las más comunes y fáciles de obtener, pero no se arrancará más que cuando sea preciso utilizarla. No se incluye entre las yerbas del Omiero del “Asiento”.
Con baños de “Anamú”, se desprenderá del cuerpo algún espíritu oscuro de esos que suelen enviar los mayomberos para atormentar a sus víctimas, adhiriéndose a ellas. Si se emplea también “fula” (pólvora) al practicarse este despojo hay que hacerlo con mucho cuidado, no sea que al arrancar al espíritu, éste dañe al cuerpo por la conmoción que reciben tanto el espíritu como la materia. Todos los espíritus no se pueden quitar con “fula”. Como resguardo para detrás de las puertas: “Siete gajos de Anamú atados con cintas rojas, se pondrán sobre todo cuando hay personas perseguidas por los espíritus”.
Para baños lustrales. Cuando la persona esta “muy atrasada de suerte”, con apasote y albahaca de anís.
Contribuye a la curación de herpes y otras infecciones de la piel (uso externo) y facilita la orina (uso interno). No debe ser administrado a las mujeres embarazadas.
Una buena medida de precaución consistirá en colocar en las plantillas de los zapatos, dos hojas de Anamú, en cruz, por si se pisa algún “malembo mpolo”. Este no puede actuar donde se halle al anamú, que aniquila la brujería. Por eso se llama “mata Brujo” y “espanta brujo”. Para embrujar se da a beber el anamú hervido con yerba fina y sanguinaria, vino seco y agua de “Florida”. Obatalá aplasta la brujería con anamú.
Los brujos deben tener siempre por precaución, una vasija con agua de la que vive o se tiene a la jicotea, mezclada con orines, cenizas, anamú y cabo de tabaco para arrojarla a la puerta de su casa cuando tenga sospechas de que otro Brujo lo esta atacando; pero esta preparación apuntada, es necesario que se pudra varios días antes de usarse, para que pueda surtir sus buenos efectos.
No obstante en “Regla de Ocha”, los hijos de Obatalá no pueden andar con esta yerba, ni los de Yemayá. Un baño con anamú será extremadamente nocivo al “Omó” Yemayá que por su ignorancia (como sucede a menudo), la emplee buscando alivio a un dolor reumático, etc.

ANON: Dueño Obatalá.
Las hojas en cocimientos para aplacar los nervios.
La corteza y la raíz se toman una vez terminados los masajes en la cura del mal de madre y del padrejon. Las semillas se tuestan y se muelen con aceite para combatir los parásitos de la cabeza (los piojos).
El cocimiento de sus hojas con las de “Mary López” es muy bueno para combatir la acidosis. Es excelente para la cistitis y todos los padecimientos de la vejiga.

APASOTE: Dueño Babalú Ayé.
Las hojas para condimentar la comida del Orisha.
Para “amarrar” sólidamente una lengua indiscreta bastarán dos raíces de apasote, la lengua de una lagartija, una vara de tela blanca, media botella de aguardiente, el nombre de la persona escrito y alguna cosa perteneciente a ella para “ligarlo”. Los caracoles o el coco indicarán donde debe guardarse este “amarre” y dónde se depositará el sacrificio que acompaña a este “chiché” (trabajo).
En las casas que han sido “purificadas” con apasote, se dejan expuestas las semillas durante 24 horas. Las paredes se fustigan con las ramas para castigar y espantar “malembo”, terminada esta limpieza, se baldean los suelos con clara de huevo. En cocimiento para expulsar los gases. El zumo de la raíz y las hojas para curar las lombrices y parásitos de los niños.

ARABO DE PIEDRA: Dueño Oggún.
Se “trabajan” las raíces al pie de Oggún para asegurar un negocio inestable, poco seguro o una empresa cuando amenaza fracasar.

ARBOL DE BIBIJAGUA O CAMPANA: Dueño Obatalá, Orishaoko, Yewá.
La savia de esta planta se aplica a la culebrilla (“una erupción que efectivamente es una culebrilla”) que suele aparecer en el cuello y en la cintura, debiendo combatirle de inmediato pues se estima que este reptil imaginario puede matar al que lo padece, si llega a juntar la cabeza con la cola.
“Los garabatos de esta plante sirven para atraer y unir a las personas que están separadas por cualquier motivo”.

ARBOL DE LA VIDA: Dueño Obatalá, Oddúa.
En cocimientos se recomienda para dolores reumáticos. En Semana Santa se le extrae la savia que se expondrá al sol y al sereno durante 40 días y se obtendrá un magnifico tónico regenerador del organismo.

ARBOL DE LA CEIBA: Dueño Obatalá.
Respirando el aroma de sus flores en un pañuelo se controlaran los estornudos que proporciona la coriza.

ARBOL DEL CUERNO: Dueño Oggún, Oshún, Oddúa, Obatalá.
La raíz hervida se da a beber a diario contra la impotencia.
Con este palo se prepara un buen amuleto para recuperar la virilidad. Las hojas en cocimiento para lavar el cabello y darle brillo.

ARBOL DEL SEBO: Dueño Babalú Ayé.
Una maceración de la raíz y de las ramas para fricciones de las coyunturas de los nudillos.
Estas fricciones continuadas y el favor de San Lázaro, impiden que los miembros de los que están postrados se vuelvan rígidos y evita los dolores consecuentes.

ARETILLO: Dueño Eleggúa.
Masticadas sus ramitas y hojas tiernas, blanquean y pulen los dientes; fortalecen las encías.

AROMA BLANCA: Dueño Obatalá.
Respirando el aroma de sus flores en un pañuelo, se controlan los estornudos que proporciona la coriza.

AROMA AMARILLA U OLOROSA: Dueño Oshún, Eleggúa.
Con la semilla se hace “mpolo” y “trabaja” en los encantamientos de “Mayombe”.
El cocimiento de las ramas y raíces, se recomienda para combatir la sarna y la gangrena. En baños es muy efectiva para aquellos que son dados a sentir malestar indefinido, etc. Igualmente la infusión de las flores, para las palpitaciones y el nerviosismo y los saltitos histéricos del estómago. La savia, aplicada con aceite de ricino, hace crecer las pestañas.

ARROZ: Dueño Obatalá.
“Kamanakú” es un apetitoso manjar de arroz molido. Se remoja el arroz y cuando los granos estén hinchados, se pilan, se ciernen y se reducen polvo, se bate en un caldero y se cocina a fuego lento. Con leche se le ofrenda a Obatalá.
El agua en que se ha lavado el arroz, mata la brujería. Se emplea para “limpiar” los quicios de las puertas donde esta haya sido lanzada.
A la semana siguiente de un “levantamiento del plato” (ceremonia que sabemos se realiza al año de ocurrida la muerte de un “olocha”), después de una noche de vela en que se tocan los batás exclusivamente para el muerto, los que toman parte en este rito, asistirán a las honras fúnebres que deben celebrarse en la iglesia.
Al regreso de la misa, se cocina el arroz sin sal y con la carne que haya sobrado del cochino que se le sacrifica al difunto en esta ocasión se riega por toda la casa. El arroz blanco con “guengueré” es una ofrenda tradicional para Oyá.
En cocimiento para las diarreas. En harina para la erisipela y cualquier erupción de la piel y para embellecer el cutis.

ARTEMISILA: Dueño Obatalá (se le atribuye también a San lázaro).
En purificaciones lustrales, proporciona alegría y propicia bienes materiales, morales e intelectuales.
Un “despojo” con artemisilla deja una agradable sensación de alegría tal, que se apreciará a todo el mundo más contento.

ASTRONOMIA: Dueño Orúmila.
Para baños de despojos. Con la raíz se construyen resguardos para los trabajadores marítimos.

ATEJE COMUN: Dueño Osaín.
Las hojas y la raíz en inhalaciones para el “aire pasmoso”. La raíz en infusión, para suprimir las “flores blancas”.

ATEJE HERMOSO: Dueño Osaín.
El zumo de las hojas y de los tallos desvanece las manchas de la piel ocasionadas por quemaduras. Hace desaparecer también cicatrices superficiales.

ATEJE MACHO: Dueño Agrónica.
La savia limpia las manchas de la piel y con este objeto se le aplica a las mujeres. Pero no debe lavarse la cara con él.
Si el “ateje macho” se le aplica a un hombre es inoperante y si el “ateje hembra” se le aplica a una mujer, su resultado será igualmente ineficaz, pues en toda operación mágica y remedio de plantas, “los sexos deben estar siempre encontrados”, o sea, “hembra para varón” y “varón para hembra”.

ATIPOLA: Dueño Obatalá y Eleggúa.
En cocimiento para tomarlo como agua común, es bueno para las vías urinarias.
Para lustraciones y para “refrescar la cabeza”. Para la buena suerte, baños de Atipolá, albahaca corriente y albahaca menuda. El “Atikuanlá” se emplea en el Omiero del Asiento.

AYUA: Dueño Todos los santos.
Excelente para resguardos. Para alcanzar un “desbarate” efectivo se mezcla con cuaba negra, carcoma y avispa.
La corteza con aguardiente de caña, después de embotellada varios días es muy buena para el asma. Es muy eficaz como depurativo de la sangre. También para la sífilis y el reumatismo.
La corteza masticada calma los dolores de muelas.

AZAFRAN: Dueño Obatalá.
Aunque existe una yerba que se llama “azafrán del país”, el que se emplea para hacer bajar el menstruo, es el azafrán comercial. Si la supresión tiene por causa un disparate cometido “un baño frío, dormir a la luz de la luna”, etc.; el remedio será un puñado de azafrán de hebra, una botella de miel de abejas pura, tres cocos pequeños que se cortan por el medio y un litro de agua.
Se hierven los cocos con azafrán y la media botella de miel de abejas y se deja a la candela hasta que quede una cantidad de líquido equivalente a tres tazas, que deberán tomarse muy caliente, tres veces al día.
Como es muy probable que el menstruo se presente con hemorragia al día siguiente de tomarse este remedio, se hierven los tres cocos y se toman tres cocimientos. El cocimiento de azafrán es muy efectivo para los espasmos.

BAGA: Dueño Todos los Santos.
El mayombero “nsaranda” (hechiza) con una excrecencia de la corteza de este árbol que se desprende del tronco. Para una mala “uemba” se toma del lado que el sol se pone. Para hacer el bien se tomará la contrario, o sea del oriente. “Es la regla”. El Sol, el día es benéfico y la Luna, la noche es maléfica. De ahí la importancia que tienen las distintas horas para la hechicería. Las ngangas deben recoger la fuerza de los astros; se llama a la luna para venga a la nganga, al lucero a las estrellas. Así hay prendas que por su índole “trabajan” a las doce del día, otras a las doce de la noche (en horas malas), otras a las seis de la mañana. “Levanta cuerpo” una prenda pequeñita que se guarda en un tarro de chivo (lechal), (el tarro derecho), es muy peligrosa y trabaja y se alimenta al amanecer. Debido a que se pasa la vida acechando y “trabajando”, es necesario alimentarla muy bien. El mayombero cortará sus “palos” al romper de los claros del día, “el malvado o el hechicero”, desde las seis de la tarde a las doce de la noche y hasta las dos de la madrugada, ya después las tinieblas se debilitan, las sombras son menos peligrosas. Para ciertos embrujos algunos palos se cortan en menguante y en menguante es la mejor fecha para recoger la tierra de los cementerios. Pero se recuerda que el momento más propicio para cortarlos es en creciente o luna llena que es “cuando tienen toda la savia de los astros”. En resumen, “con el bagás se puede hacer mucho bien y mucho mal”, pero más mal que bien. Como vive en los pantanos, a la persona que se le haga un “nangue”, un “ligémen” en el mismo tronco, se “hundirá en el fango”.

BAYONETA O PEREGUN: Dueño Obatalá.
Uno de los “ewes” más importantes del Asiento para terminar la ceremonia, es la primera de las 16 principalísimas de cada orisha que se ponen en la cabeza del “iyawo”.

BEJUCO BATALLA: Dueño Todos los Santos.
Es uno de hojas duras que parecen de vidrio y que es el bejuco principal de la prenda. Puede llamarse casi cualquier bejuco que se emplee para pelear. Con un bejuquito, el que sabe, hace mucho y si sabe mucho y no tiene ese bejuquito, con un pedazo de espejo, mata al que quiere (lanzando sobre una persona la luz que refleja un espejito mágicamente “preparado”).

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