IV Botánica de los Orishas

CAISIMON: Dueño Yemayá (algunos se lo atribuyen a Changó o Babalú Ayé).
Las hojas tibias salpicadas al vientre, con manteca de corojo y cacao, bajan la inflamación producida por orquitis. Las hojas como fomentos para la erisipela, la irritación de las quebraduras, de los forúnculos y del vientre. El cocimiento de la raíz para la cistitis y la gonorrea.

CALABAZA: Dueño Oshún.
A los “asentados” que en “Itá” (lectura del porvenir), si les sale la “letra” o signo “Obbara Meji” deberán respetar las calabazas; no pueden comerlas ni regalárselas a nadie, pues son hijas legítimas del Orisha Changó que en un camino “Obbara”.
El Ebbo o sacrificio que aconseja este signo para triunfar en cualquier obstáculo, comprende un gallo, un cesto con calabaza, ñame y plátanos, y dos o cuatro macitos de leña para quemar la ropa del que hace el “ebbo” junto a una palma real y que después vestirá de limpio con “ashó fun fun” (traje blanco).
Este Ebbo reproduce el que hizo Obbara en la selva.
La primera cazuela de congo fue una calabaza. Mucho antes que en cazuela de barro, la nganga se guardó en “Nkandía” (calabaza).
En el campo de la medicina, el “onichoggún” o el “inkisi” la emplea en cataplasmas para aliviar el ardor de las quemaduras. Las semillas pulverizadas, mezcladas con leche hervida son tradicionalmente conocidas para el tratamiento y expulsión de la lombriz solitaria.
El zumo se aplica a los eczemas. La tripa se fríe con aceite y semilla de mamey colorado para el pelo. Hace crecer el cabello y le da gran brillantez.

CAMPANA: Dueño Obatalá.
Se emplea en el Omiero de este orisha. También para despojos y purificadores de las casas (para “Ibora Omitutu), “bañarse”.
El zumo se emplea para la bronquitis pues facilita la expectoración.
La raíz y la corteza, para los efectos de la embriaguez pero no debe administrarse durante la borrachera, sino después. La flor para hacer cigarrillos para calmar el ahogo “se tuesta al sol”, se hace picadura y se envuelve en papel.

CANELA DEL MONTE: Dueño Oshún Yeyé Kari.
Es el árbol por excelencia de la “Venus Lucumí”. Con la Canela prepara todos sus “filtros”, “afochés” y talismanes amorosos. En el terreno del amor resuelve todos los problemas que se le plantean al “babalocha” y al “palero”. Tiene un gran poder de atracción y es indispensable para todas las cuestiones amorosas.
Hecha polvo y con aguardiente es alimento de algunas “prendas” congas. La limalla de la piedra imán se rocía siempre con canela y pimienta de Guinea. Como se hace con el “palo guanchinango”, se lleva una astilla de este árbol en la boca, cada vez que va a formularse una petición de cualquier índole, la más difícil de obtener.
Las mujeres galantes “que necesitan gustar” deben mezclar con polvos de canela, sus polvos de la cara, porque la canela atrae a los hombres “como la miel a las moscas” y así tendrán siempre muchos intereses por sus encantos.
El palito de canela en la boca “para engatusar y seducir”, la esencia en el baño, etc. Son empleados con verdadero éxito a través de la sacratísima “Oshún Panchaggara”.
El arte de curar de santeros y paleros es empleado en jarabes para los resfriados intestinales, contener las diarreas y los vómitos sanguinolentos.
Recuérdese que Osún castiga enfermando el vientre y a la vez, lo cura.

CANUTILLO: Dueño “El Blanco”, Obatalá, Yemayá. “El Morado”, Changó.
En purificaciones: con Canutillo, se lavan todos los Orishas femeninos.
En cocimiento es diurético. El Blanco es excelente para lavar los ojos. El Morado, en baños, es muy beneficioso.
Para despojos y buena suerte. Canutillo Morado, Campana Blanca, Albahaca y Paraíso, todo hervido, se echa en una tina con “Espíritu Vencedor”, “Espíritu Tranquilo” y “Amansa Guapo”.

CAÑA BRAVA: Dueño Nanábulukú, Sódyi, Babalú Ayé.
Babalú Ayé bendijo la caña brava y por esta razón, el trueno no la daña nunca. En ningún otro árbol o planta, ni en el Ateje, ni en la Jocuma, en el Cundiamor o el Apasote, Babá recibe con más gusto una ofrenda. La “Caña Brava” le está consagrada a Naná, “Madre de los San Lázaros”.
La tierra en torno a ella tiene muchas virtudes; es “munanso mboma” (casa de majá) lo que aumenta su prestigio. Un trozo del canuto sirve de corazón (timá) de ngangas; es decir, sirve para guardar dentro, con los extremos tapados naturalmente, el azogue y arena de mar, “la vida de mar y el azogue” que comunicaran a las ngangas, su movilidad incesante que se traduce en diligencias para cumplir los mandatos del mayombero. La tierra que la circunda con “Madre bibijagua y comején” sirve para desbaratar lo que se quiera. La Mitología Africana es a ofrecer “Que en el primer Baroco, Eroko le entrega a Iyamba una punta de caña brava cuando lo bautizaron y le dieron el título de Mosongo”.
La raíz en cocimientos tiene propiedades que calma el asma y el ahogo, cuando se siente en la boca sabor a sangre (de lo contrario no debe tomarse). También se aplica su infusión en inyecciones vaginales.
Es muy buena para la cistitis y para purificar la sangre.

CAÑA DE AZUCAR: Dueño Changó.
El Azúcar endulza por igual al ángel como al enemigo.
En un vaso de agua se mete una vela encendida y esta agua se endulza con dos cucharadas de azúcar, se mete un papel con el nombre del que se desee “endulzar” y se conseguirá de él lo que se desee. A Changó se le ofrece cortada en trozos, en un plato con las hojas de la misma caña de azúcar. Es muy importante en la liturgia o ritos de “abakúa”. Si se cruzan dos pedazos de caña y se colocan en el suelo ante el “ireme”, éste permanecerá inmóvil y no se atreverá a avanzar.
CAÑA SANTA O CAÑUELA SANTA: Dueño Oggún.
Con esta planta se enardece a Oggún.
Es excelente en cocimientos para los catarros bronquiales y para la suspensión del menstruo. En lavados vaginales, para curar la leucorrea. Muy bueno para la presión arterial.
Con la raíz se prepara un licor que da calor al estómago y a los bronquios.

CAOBA: Dueño Changó, Obbá.
El zumo de las hojas sirve para contener la sangre de las heridas. En cocimientos de la corteza para la purgación y “flores blancas”.

CAOBILLA: Dueño Obbá, Oggún Arére.
La raíz para resguardo para los que padecen sonambulismo o de pesadillas angustiosas; para los neuróticos que se encuentran al margen de la locura. Las hojas para despojar a los locos o a los que pierdan pasajeramente el juicio. En baños tranquiliza a los que están ya enteramente locos y en tratamientos en casa del “Padre Nganga”.

CAOBILLA DE SABANA: Dueño Eshu.
La savia se recomienda para mordidas de perro, hincadas de espinas venenosas o picadas de insectos. La raíz en infusión y en las tisanas o chichas, es un gran purificador de la sangre.

CARDON: Dueño Oggún.
Con su savia se borran los tatuajes cuando conviene que desaparezcan. Surte el mismo efecto que la quinina para el paludismo.
Las semillas son vomitivo. La leche del “Cardón” ciega. Pero la ceguera que produce el Cardón se cura lavándose los ojos con la pelusa de la raíz de la parte inferior de la tuna hervida.

CAREY: Dueño Oshún.
No se pone en el Omiero del Asiento. El carey lo pide la diosa para guerrear y solo se utiliza con el propósito de embravecerla.
Hay muchas clases de carey y todos pertenecen a Oshún.

CARIEL: Dueño Changó.
Para hacer “rogación” al pie del Santo y preparar joyas de valor que se transformaran de este modo en amuletos para proporciona a su dueño buena suerte en amores, en negocios y en el juego.

CARQUESA: Dueño Yemayá.
Para despojos y limpiezas. Es uno de los ewe del Asiento.
La savia es abortiva y si ésta no surte efecto, se emplea la raíz bien machacada.
Recoge el menstruo o lo provoca. En alcohol, toda la planta, para dislocaciones, dolores musculares y para friccionar diariamente a los reumáticos y a los tullidos.

CAUMAO: Dueño Eleggúa.
Para el reumatismo, el jugo de la raíz y de la corteza con agua bien caliente es excelente. El “Caumao” es el pulpo del monte; enreda a todos los arboles y matojos que le quedan cerca y es utilizado por los mayomberos para enredar a las persona, etc. Un “masango” de Caumao es cosa seria.

CAYAJABO: Dueño Eleggúa.
Un gran amuleto que veremos en las muñecas de santeras, devotos y profanos, para buena suerte y ahuyentar las malas influencias. El zumo tiene la virtud aplicada paulatinamente sobre las verrugas, de hacerlas desaparecer.

CAYUMBO: Dueño Oggún, Yemayá.
Sus propiedades y virtudes son secretas. Se dan a conocer a los “Asentados” que tengan experiencia y jerarquía de “Mayores”.
Es necesario saber buscarlo. Si no se encuentra a las tres de la mañana, será difícil hallarlo. Trabaja con “Espuela de Caballero”, en “nkángues” de Mayombe.

CEBOLLA: Dueño Todos los Orishas.
La pequeña, molida y pulverizada con los palos fuertes y “sollanga” (bichos) de la nganga se da a tomar y enloquece.
Es diurética; disuelve los cálculos del riñón y de la vejiga; cruda evita los catarros y la influenza. Si se come cocida, al acostarse hace conciliar el sueño a los que padecen de insomnio; destruye los tumores y panadizos aplicada en cataplasmas de linaza.

CEBOLLETA: Dueño Babalú Ayé.
Para rogaciones en caso de Lepra (Adete). Alivia las comezones de los lazarinos (onideté). Bien picada, para mezclarlo al incienso y aleja las malas influencias.

CEDRO: Dueño Changó.
El cedro es un de los árboles más sagrados que existen para los lucumíes. Changó fugitivo, reposó en su sombra. No puede quemarse su santa madera y es la indicada para construir reliquias y atributos del Orisha, estatuas (“ete”) y cruces (“iyá). Son muchos sus misterios, es “Awo”. Así que para que el mal bajo ningún aspecto penetre en el interior de la casa, se coloca una crucecita de cedro atada con cinta roja detrás de la puerta.
Los mayomberos construyen con su madera sus “nkisi malongo” de la misma familia de los muñecos “itá”, “chicherekú” de los lucumíes, que caminan de noche y van a hacer sus maldades por cuenta de sus dueños.
El cedro es uno de los “iggi” más nobles del monte, porque cura muchos males. Las hojas en cocimiento y la resina en jarabe para la hemoptisis y catarros fuertes. Como abortivo: mezclada su raíz con la leche de palma real y endulzado con miel de abeja. El zumo de la semilla del cedro hembra (“pasiá”), calma el ardor de las picadas infecciosas. La raíz, la corteza y las hojas, depuran y enriquece la sangre. Esta tisana se refuerza con raíz de perejil y cura la purgación y en las mujeres el flujo y las irregularidades del menstruo. En tiempo de epidemias se debe meter un trozo de cedro en el agua de beber. El cedro hembra se empleará para los hombres y el macho se empleará para las mujeres. Los herniados, marcan con una cuchilla sobre su tronco, la plantilla o contorno del pie y cuando esta cortadura o marca desaparece, también lo hace la hernia.

CIPRES: Dueño Todos los Orishas.
Palo de Muerto. Con la rama de un ciprés que crezca en el cementerio, los mayomberos llaman ala diablo y se arreglan con él.
Para hablar con el diablo se hará lo siguiente: Con un gajo de ciprés de cementerio y las canillas del esqueleto de un muerto, se hace un trazo redondo con yeso blanco, el mayombero se sentará en medio de ese redondel y zambulle tres veces a un gatico negro en un caldero de agua hirviendo que tendrá preparado al efecto. A cada maullido que pega el gatico, gritará ¿Satanás? Y Satanás responderá. Preguntará qué le van a dar de comer porque lo que a él le dan, él se los da a sus espíritus vasallos. Se le dirá: “Te daré un sapo”, él se reirá y firmará y así quedarán ambos de acuerdo. Pero no firma con tinta ni con lápiz. Las firmas del pacto que se realice se hará con sangre de las venas del mayombero. Si no, no hay trato.
La relación del ciprés con el que los mayomberos judíos llaman al Diablo y a los espíritus malos tiene su origen en un popular “Tratado de Magia” con el cual trabajaron mucho los congos antiguos y es la guía de los mayomberos.
Ausentes de los cementerios los cipreses, cualquier árbol, yerba o matojo que crezca dentro de sus tapias, les suple en todas la operaciones de “magia negra”.

CIRUELA: Dueño Obbá, Oyá, Bokú.
Arbol predilecto de Oyá, su “Palo Batalla”.
Tres gajos de ciruela servirán de látigo, son necesarios para un Ebbó de enfermo (también se utiliza el Marpacífico). De resultar Oyá el que se encargue de una curación y esto naturalmente debe preguntarlo el Santero a sus caracoles, se necesita además, una cabeza de chivo, una sábana para tapar al enfermo, nueve velas, nueve “ekó”, nueve varas de género de todos los colores. “ofún” (cascarilla) y frijoles de varias clases, un gallo, dos gallinas, tres palomas, “ekú”, “eyá”, tres pitos y nueve cocos. Oyá maneja varón con ciruela. Todas le pertenecen.

COMECARA: Dueño Yemayá, Oggún.
La raíz y la corteza, hervidas después del Ebbó correspondiente se recomiendan para bañar y frotarle las piernas y los pies de las personas que vacilan y se caen a menudo.
Las caídas son invariablemente de muy mal augurio, indicio de algo grave , de algo que se va a derrumbar: la suerte, los negocios que se vienen abajo, la salud que decae, etc.
Si es un Santero el que cae, el asunto es mucho más grave. Si cae un “caballo” con Santo, si el día de su “Asiento” desciende un Iyawo de su pilón, de su piedra o de su trono, si durante la ceremonia se le escapa de la mano al Babá o a la Iyalocha algún objeto sagrado, inmediatamente se consulta a Orula y se practica a la carrera un rito expiatorio, un ebbó (purificación y sacrificio de animales) para evitarles la muerte.
Es gravísimo que se caiga “Osu”, “Osu”, mensajero de Olofi y Orula, es un gallo de plata o de metal blanco, que recibe el Iyawo cuando le entregan, para que les de culto, la piedra de Eleggúa, la de Oggún y Oshosi, con sus atributos respectivos de hierro. Lo prepara el babalawo y su misión junto al iyawo consiste en tenerlo siempre levantado y fuerte. Solo cuando este muere, el Osu se acuesta, es decir, se pone horizontalmente en el suelo. Algunas personas deben poseer un Osu de su misma estatura y en estos casos, es un tubo sobre una base igualmente de metal, con el gallito en la parte superior.
“Osu” come con Eleggúa y si por desgracia cae, (al caer él, cae el Iyawo, cae también el dueño), pues Osu es sostén de su vida, su salud y su suerte (hay que trabajar) y darle inmediatamente la sangre de una paloma.
El mismo peligro existe para el mayombero que se cae o de cuyas manos rueda a tierra una prenda, el “mpaka” o cuerno relleno de sustancias mágicas, animado por una energía espiritual y para el ñañigo o abakuá en funciones, el diablito o ireme, si se desploma vestido con su traje, este traje mágicamente “cargado” que lo convierte en espíritu.
En torno al mayombero caído, a lo largo de la habitación en la que se halla, siguiendo el trazado de una espiral, es preciso quemar “fula” (pólvora), “tio, tio, mputo fula” para que se lleve el mal que ha provocado y augura este accidente.
Por suerte hay maneras de engañar a la “ikú” o a la tierra cuando demuestran un apetito prematuro (aunque no somos más que su alimento). Por ello, “si la sepultura está abierta” se le da de comer un chivo.
Por todo esto se recomienda que cuando una persona cae y se golpea, darle a tomar un poco de “agua con tierra” para impedir que se formen tumores “y contentar a la tierra”.

COPEY: Dueño Orula.
Se emplea para hacer “prendas” porque es muy poderoso; donde nace se apodera de la tierra y ningún otro palo puede vivir por allí. Por eso precisamente es bueno. Con la resina se desinfecta la habitación de los enfermos contagiosos. Con el jugo y la resina en emplastos, se extrae el mal humor de úlceras y llagas y las cicatriza. La raíz, las hojas y la corteza hervida se utilizan en fomentos.

COQUITO AFRICANO (Obí Kolá): Dueño Todos los Orishas.
Para hacer Santo. El secreto del Santo.
Es una semilla durísima, importada de Africa, con otras dos, “erú” y “tuché”, indispensables en el Asiento. De una sola semilla de Obí Kolá (nuez de palma), “salen muchas cabezas”. Es decir que basta un pedacito para consagrar a varios iniciados.
Cada Iyalocha de las que testimonian en esta ceremonia, coloca en el centro de la cabeza del iyawo, un montoncito de hojas trituradas y la Madrina por último, el Obí Kolá con Erú y Tuché. Debajo del pilón, trono que ocupa luego el asentado “que es un nuevo Rey”, se colocan otras partículas de las semillas sagradas.
Actualmente escasean mucho y las Santeras que las han heredado las guardan como algo inapreciable.

CORDOBAN: Dueño Changó (algunos lo atribuyen a Oggún y Yemayá).
Para despojos y baños. En Omiero para lavar las piezas y reliquias del Orisha.
Las hojas en cocimiento, para asma, catarros y hemoptisis. Excelente ara la tosferina y la tos del sarampión. Con la raíz se prepara un jarabe que se administra en cualquier enfermedad de las vías respiratorias.

COROJO: Dueño Changó.
Y lo es de todos los Orishas, menos de Obatalá, Oshún y Yemayá.
Cuando está enojado con uno de sus hijos, para que se aplaque y le perdone, se baña su piedra y los caracoles que la acompañan en manteca de corojo y miel de abeja.
Esta rogación se practica durante 6 días: el primer día, cuatro racimos de plátanos. El segundo día, seis pitahaya. El tercero, una jícara de harina de maíz (amalá) con quimbombó (lilá), miel de abeja, manteca de corojo y seis granos de pimienta de Guinea (atá), todo adornado con una cinta roja. El cuarto, seis calabazas (eleggudi), también adornadas con cintas. El quinto, seis mameyes (amí) y por último se le sacrifican dos gallos blancos y se le cocina mucho quimbombó sin semillas.
El “otán” se cubre con una tela blanca (ashó fun fun). Las ofrendas se le reparten en tres bultos que se llevan a una loma, a la palma real y a la ceiba. Se retira el pañuelo que cubría la piedra del Orisha y se le pone al “Omó”, para quien, con objeto de desagraviar a Changó, se ha practicado este rito o ceremonia. La manteca de corojo es una sustancia de gran importancia en el culto de los orishas, quienes continuamente la reclaman para su aseo y bienestar.
Eleggúa, Oggún, Changó, Babalú Ayé y Oyá, se tienen siempre untados de manteca de corojo. A ciertos alimentos que se les ofrendan, se les pasa siempre un poco de “epó”; al maíz tostado y a los bollos de carita de Eleggúa y Oyá, al pan y a la mazorca de maíz asada de Babalú Ayé.
En regla de congo, solo se emplea para limpiar a “Zarabanda” (a los hierros que simbolizan a Zarabanda). Los “nikises” (calderos) se frotan también con manteca de corojo.

COJATE O COLONIA: Dueño Obatalá (en Matanzas Oshún).
El zumo de las hojas se utiliza humedeciendo abundantemente un algodón o un pañuelo y se le introducen en la boca del cadáver que expulsa espumarajos sanguinolentos y se les tapona también la nariz, los oídos y demás conductos de desahogo, etc.
Las hojas frescas, para el dolor de cabeza, aplicadas a las sienes. Para enfermedades de la piel, se hierven las hojas y se usan en baños. El cocimiento de las hojas y flores es anticatarral.
En fricciones para “buena suerte” y para “matar lo malo”, con piñón de botija y Artemisa. Con la Albahaca, es muy usada para alejar a los “Eggúns”, librarse de una mala influencia y para purificar la casa.

COPAIBA O COPALBA: Dueño Babalú Ayé, Oddúa.
Son muchas sus propiedades; con la resina, las hojas, la raíz y la corteza, se curan las enfermedades secretas e infecciosas (las cura Babalú Ayé, Santo sifilítico).
La resina desinfecta, absorbe el mal y cicatriza.

CORALILLO BLANCO: Dueño Obatalá, Oshún.
En baños, como despojo para atraer la buena suerte.
En cocimiento, curan los golondrinos “rebeldes” o enrojecidos, pues el zumo los disuelve o revienta.

CRESTA DE GALLO: Dueño Todos los Orishas.
Para “limpiar” y hacer rogación al pie de Changó y de Aggayú, a los hombres apocados, tímidos, con almas que se les pasean por el cuerpo. Aggayú y Changó con Cresta de Gallo, les infundirán su espíritu valeroso y combativo, su energía y lo que más les falta…coraje.

CROTO: Dueño Todos los Orishas.
Se puede invocar a Eleggúa y hablar con él al pie de un “Croto”. Después de contar hasta siete se abre un agujero en la tierra y se echa vino, dulce, ahí y algunas chucherías más de las que le gustan.
CUABA: Dueño Todos los orishas.
Si el palero va a buscarlo al monte y no se hace una herida y le ofrece unos goterones de sangre, éste árbol retira sus virtudes de las partes que aquel le haya tomado. Ni sus embrujos o medicinas surtirán efecto.
La “Cuaba” es el mismo “Palo Guachinango” y “Cambia Voz” que se esconde o se hace invisible al que no sabe cómo tratarlo. No es un árbol de gran tamaño y corpulencia, pero es tan prodigioso que “ninguna nganga trabaja bien sin el guachinango”.
Debe llevarse siempre como protección, una astilla de “nkita” y en la boca cuando va a proponerse un negocio, a solicitarse un empleo o pedirse un

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