Los orígenes de la religión afro-cubana
La colonización del nuevo mundo trajo consigo la importación de negros africanos como esclavos en el año 1501, cuya fuerza de trabajo fue utilizada en la construcción, minas, agricultura, en trabajos domésticos, en fin, en todo aquello que el colono blanco consideraba excesivamente rudo o desagradable. Portugal fue el primer país europeo que inició el tráfico negrero en los tiempos modernos.
La esclavitud existía en África desde hacía mucho tiempo, donde los negreros o traficantes se apoyaban en algunos jefes y tribus que vivían en las costas y que organizaban la cacería y venta de los miembros de otras tribus que consideraban extrañas u hostiles.
El desarrollo de la industria azucarera sirvió de acicate para transformar el régimen Cubano de esclavitud en un sistema comercial de explotación. Entre las numerosas etnias que fueron introducidas en dicho tráfico, estaban los carabalíes, que provenían del área de el Calabar, del sudeste de Nigeria, los Yorubas pertenecían a la etnia más importante entre las tribus, los cuales provenían del antiguo Dahomey, Togo, y sobre todo de una gran parte del sudeste de Nigeria, que limita desde la costa de Guinea, al sur, hasta unos 300 kms Al norte, y desde el golfo de Benin al oeste, hasta el Dahomey. Se trataba de una región del África Ecuatorial caracterizada por grandes bosques.
Yoruba es el término que identifica a todas las tribus que hablaban la misma lengua, aunque no estuvieran unidas ni centralizadas políticamente, por consiguiente, Yoruba es una denominación lingüística. Una de éstas fue la Ulkumí, mencionada ya en 1728, que fue origen de la palabra Lucumí, denominación que durante mucho tiempo fue aplicada a todos los Yorubas que llegaron a Cuba durante la trata de esclavos. Su fundamental influencia cultural sobre nosotros la ejercieron a través de su religión, vitalidad y colorido deslumbrante. Su panteón de Deidades u Orishas sigue vivo en la actualidad.
En África cada Orisha estaba originalmente vinculado a una aldea o una región, se trataba de cultos locales que reflejaban la autonomía de muchos pueblos que vivían en economías cerradas, propias del estado tribal. Dentro del territorio Yoruba se adoraba a Shangó en Oyó, a Yemayá en Egba, a Oggún en Ekití y Oridó, a Oshún en Ijosa e Ijebu; había sin embargo, algunos cultos que abarcaban a todas las tribus de una región, como el de Obbatalá, o el de Oddúa, rey histórico vinculado a la fundación de Ifé.
La religión Yoruba está íntimamente vinculada a un concepto de familias, que es el conjunto de vivos y muertos, que surgen de un ancestro común, aquellos ancestros con ashé se transformaban en Orishas, fueron divinizados, el ser material del individuo desaparecía quemado por la pasión, pero permanecía su ashé, es decir, el poder en estado de energía pura. Para que pudiera surgir el culto del Orisha, se hacía indispensable que algunos de sus familiares pudiera establecer un fundamento, una cazuela que sirviera como contenedor del objeto-soporte de la fuerza o ashé del Orisha, siendo la base material a la cual se rinden ofrendas y se rocía con la sangre de animales sacrificados.
Entre los colonizadores españoles e ingleses hubo diferencias destinadas a consecuencias de largo alcance. Una de ellas fue la mayor tolerancia de los católicos españoles en relación con las festividades netamente africanas, por su parte, los africanos aceptaban de buena gana a los nuevos Orishas que le presentaba el santoral católico, los cuales, orientándose por la simple semejanza, fundían ingenuamente las figuras de sus antepasados divinizados con la hagiografía de la Iglesia, y así, al ritmo de tambores, la figura de San Lázaro se confundía con la de Babalú Ayé, la de San Cristóbal con la de Aggayú, la de Santa Bárbara con Changó, y de esa manera se fue dando un largo desfile de sincretizaciones.. De este proceso nace ¨ La Santería ¨, de la sincretización de los cultos Yorubas y la religión católica, como algo natural y lógico.
No cabe duda que el camino a seguir es el de la trabajosa conquista de un saber objetivo, de un dominio real sobre nuestro medio ambiente y sobre nosotros mismos, pero, mientras el hombre llore, el eco de cientos de años de tambores mágicos repicará en su sangre, ¨ nuestra sangre ¨.
OTROS ORIGENES
Quizás usted no sepa que San Fancón es un santo de China venerado en Cuba por descendientes de “narras” y cubanos. Es un fenómeno sincrético de religiosidad popular producto de la integración de los chinos a la cultura cubana de raíces afro-españolas.
Entre 1847 y 1874 unos 150 mil chinos arribaron a Cuba para ser utilizados como fuerza de trabajo en las plantaciones de caña de azúcar. Los llamaban culíes y se asentaron principalmente en la llanura Habana-Matanzas, debido a la concentración de fábricas de azúcar en esta zona durante el siglo XIX.
Los culíes tuvieron que compartir con los esclavos africanos la vida del barracón, el cañaveral y el ingenio. En las ciudades la cuna propicia de la integración fueron las ciudadelas o solares y la marginación social. Durante las guerras de independencia no pocos chinos participaron en la lucha mambisa.
Los chinos afincados en Cuba provenían en su mayoría del sur de la gran nación y aportaron, entre otras cosas, sus apetecibles recetas culinarias. El arroz, por ejemplo, es un plato esencial en la mesa del cubano.
Desde el punto de vista religioso, los chinos encontraron zonas de contacto con los africanos. Veneraban los astros, la tierra, el cielo; profesaban el culto a los difuntos. Un sistema de creencias apoyado por un envidiable conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas. Todo basado en un profundo sentimiento hacia la Naturaleza.
La sociedad Lung Con Sol, compuesta por chinos de los apellidos Lao, Kuang, Chiong y Chiu, fue fundada en 1900. Estos apellidos están vinculados a héroes chinos de la Antigüedad: Lao Pei, Kuang Yu, Chiong Pei, Chiu Chi Lung. Cuatro guerreros que juraron defender la dinastía Han en la Guerra de Tres Reinos (220-280 n.e.).
Kuang Yu, el más destacado de los generales, se convirtió además en el símbolo de la lealtad absoluta. Y por esta causa, le añadieron a su nombre el término “Kong” que significa “ancestro venerado”.
En la tradición oral de la provincia de Matanzas se encuentra la Leyenda de los Cimarrones. En ella se narra que Cung Li, un campesino perseguido, cayó bajo posesión del espíritu de Kuang Yu Kong, quien habló por su boca, expresó que “era el príncipe viajero que trae la buenaventura” y exhortó a compartir el arroz con los necesitados. Este espíritu viajero fue conocido más tarde como San Fancón o Chan Fan Con, corrupción fonética de Kuang Yu Kong .
Por otra parte, la figura de Kuang Yu Kon es la de un guerrero vestido de sedas rojas y con un espada en la mano. Imagen que bien pudo identificarse con la de Santa Bárbara, sincretizada a su vez en Changó, dios guerrero por excelencia del panteón yoruba.
Así resulta la conversión del héroe chino Kuang Yu Kon en San Fancón, un camino de Changó, particularmente en Matanzas y La Habana, donde la presencia china fue importante y se integró al complejo cultural cubano.
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