La discusión teórica de la problemática racial es particularmente sensible no sólo por el complejo contexto histórico interno y externo que vive el país, sino ante todo por la enorme carga cultural alienadora y de formas de opresión que este asunto guarda desde siglos pasados y que pesa sobre la conciencia revolucionaria de cada uno de nosotros, a veces de manera imperceptible. Sin embargo, es indispensable delimitarla conceptual e ideológicamente a fin de trazarnos una estrategia para su regulación hacia una mayor equidad en este terreno, sobre la base de la unidad étnica y no proporcionando oportunidad para la recreación de una nueva forma de segregación ajena al proyecto independentista, social-emancipador y dignificador de la persona, creado por nuestra nacionalidad desde fines del siglo XIX.
2. Esto exige que el tema se asuma ideológicamente hoy sin tabúes, no dejando espacio a la improvisación y la espontaneidad no calificada. Si la problemática racial pasa a la vida pública es porque existen determinadas premisas sociales materiales que aun le sirven de fundamento, y no simples rezagos psicológicos o culturales del pasado. El prejuicio racial y la conducta discriminatoria que de él se deriva se apoya en el terreno de las relaciones materiales reales, sirviéndose además de determinadas pautas culturales legales de antaño y actualmente recreadas y redefinidas.
3. Desde el punto de vista ideológico se requiere que sea delimitada una plataforma teórica y cosmovisiva básica para acceder al estudio y debate del tema, en la cual quede fijada en calidad de premisa fundamental la obra histórica sin precedentes que en el terreno de las relaciones raciales ha realizado la revolución cubana como fruto del proceso de consolidación y enriquecimiento de nuestro etnos y de sus vínculos solidarios e internacionalistas con los oprimidos y humillados de este mundo. Es ese sustrato el que permanece como base de las representaciones sociales dominantes en el seno de nuestro pueblo sobre la igualdad racial, las cuales sientan un sólido fundamento potencial para la solución de los posibles conflictos que surgen y pueden surgir en este terreno, siempre en el sentido de una equidad racial más elevada en lo ulterior, y no dejan brecha –en los marcos del régimen socialista- para la promoción a nivel de opinión pública de puntos de vista ideológicos sistematizados de carácter discriminatorio.
4. A nivel de representación colectiva los cubanos actualmente vivientes poseemos una noción identitaria uniétnica aunque multirracial, y a las razas las diferenciamos fundamentalmente por “el color de la piel”, no por la procedencia de nuestros ancestros. La unidad étnica sin embargo no impide que aun el criterio de la diferenciación racial siga interviniendo en cierto grado en el acceso de las personas a las oportunidades sociales y en la articulación de las relaciones interpersonales.
5. Partir de estos fundamentos nos permitirá captar la especificidad del asunto de las relaciones raciales en nuestro país y sortear con éxito desde la partida las propuestas teóricas, metodológicas y culturales que algunos, no sin manifiestas o encubiertas intencionalidades políticas, nos realizan desde el exterior. Como decía Marx, el objeto específico requiere de su lógica especial.
6. La revolución cubana no ha engendrado el fenómeno de la discriminación racial, sino que, heredándolo del pasado, lo ha sometido a un proceso de profunda crítica y superación de sus formas de manifestación y fuentes sociales fundamentales. Sin embargo, si nos atenemos a Marx en cuanto a la comprensión del socialismo y el comunismo como nuevo modo de apoderarse de las condiciones de existencia, del conjunto de las relaciones sociales, por parte de los sujetos personales y colectivos reales, el asunto de la emancipación humana social y personal no queda resuelto definitivamente sólo con la conquista de la emancipación clasista y política, pues en rigor con ello sólo hace comenzar.
7. La obra revolucionaria y su ideología tienen vocación desalienadora, no simplemente de desarrollo económico, seguridad social y avance cultural. Les es intrínseca la tendencia a superar las disímiles e históricamente cambiantes formas de la enajenación entre la persona y los resultados, los medios, las premisas y la marcha misma de su actividad; de lo contrario, no puede hablarse de transformación de la sociedad sobre la base de principios socialistas y comunistas. La construcción del socialismo y el comunismo consiste en un proceso complejo tanto a causas de razones internas como externas al organismo social, no en una sociedad de llegada de carácter definitivo y terminal. El rico pensamiento político de Fidel Castro, donde conceptualmente articula de manera dialéctica la herencia martiana con el marxismo y el leninismo, nos persuade de que los valores defendidos por la ideología de la revolución cubana en su sustancia íntima expresan este modo de ser revolucionario.
8. Las fuentes de la subordinación, segregación y estigmatización de las personas no se constriñen a los ámbitos abordados por la revolución socialista en su etapa inicial. Tampoco en estos marcos pueden quedar su representación ideológica y los medios empleados para luchar contra ellas y erradicarlas de la faz de la sociedad y las personas concretas.
9. Existen otros terrenos de naturaleza social, económica, psicológica, política, ideológica, familiar, institucional y cultural, en que se generan fuentes complementarias y multiseculares de esos fenómenos, las cuales requieren también de una obra de superación a fin de eliminar sus nefastos efectos en la vida pública y privada. En todos estos terrenos debe encaminarse la lucha contra las formas de manifestación del prejuicio y la discriminación raciales. Treinta años de política igualitaria hicieron desaparecer desigualdades socioclasistas básicas, pero a la larga la diferencia del punto de partida en condiciones materiales y espirituales de vida de blancos y negros volvió a manifestarse de forma relativa.
10. La ideología revolucionaria en sus primeras etapas identificó en lo fundamental la intención antidiscriminatoria y las primeras medidas de justicia social con la desaparición del fenómeno en nuestra realidad, lo desterró a la psicología social, al rango de reminiscencia del pasado, por lo que no elaboró determinaciones¬ conceptuales para identificarlo, definirlo, en las nuevas condiciones históricas y regular su evolución ulterior de manera consciente y sistemática, así como para captar sus nuevas formas de manifestación y de posible impacto en la vida pública y privada, a medidas del transcurso del proceso revolucionario y la modificación de sus condiciones internas y externas de desarrollo.
11. Como resultado de las propias transformaciones revolucionarias, gracias a las cuales ha cambiado la naturaleza de las condiciones de existencia de las masas populares y del tipo de personalidad dominante, el asunto de la equidad racial ha ido pasando cada vez más del ámbito privado a la vida pública. Paulatinamente se ha incrementado el terreno de la intolerancia ante las desigualdades injustificadas y ha aumentado la sensibilidad colectiva ante estos fenómenos.
12. El periodo especial ha añadido un ingrediente muy importante en la agudización de la conflictividad de estos procesos, al condicionar la aparición de estrategias de supervivencia que han puesto muy en evidencia desventajas significativas de ciertos sectores poblacionales para enfrentar la crisis.
13. Nuevos campos de las relaciones sociales pugnan por ser objeto de dirección transformativa, entre ellos las desigualdades que quedan en el trato entre las personas de diferente color y en su modo de vida.
14. Los medios de socialización del país están en la necesidad de responder de manera más enérgica a este reto subrayando el aporte de los hombres de raza negra y de las culturas africanas a la fundación de la cubanía, de la cultura material y espiritual del pueblo, así como el carácter mestizo cultural y físico que posee nuestro único etnos. Se requiere revelar de manera crítica las formas sutiles de la discrimina¬ción y poner en evidencia su carencia de fundamentos humanos legítimos. No es sostenible ideológicamente asimismo fundamentar la unidad étnica si el ideal estético de belleza es unirracial.
15. Es imprescindible sacar las conclusiones socializadoras, culturales y políticas que se derivan del hecho de que el aporte de las culturas africanas a la cubanía no se reduce al patrimonio místico que comparte un sector sumamente importante de la población del país, sino que abarca también aristas axiológicas claves en el terreno de las relaciones humanas y con el entorno (una visión presocrática de la naturaleza y en nuestras condiciones históricas concretas una capacidad ecuménica de relacionarse con las demás culturas), las cuales son susceptibles de engrandecer el ámbito de la solidaridad colectiva, la ayuda mutua, la reivindicación del humillado, el culto a la resistencia al opresor, a la dignidad personal y colectiva, el respeto a la sencillez y la humildad. Asimismo, la interpretación de la esclavitud debe enrumbarse a una relectura suya desde el ángulo de la dignificación de la historia del trabajo en nuestro país.
16. Se impone la necesidad de asumir una posición política de ofensiva en torno a este problema, encaminada centralmente al develamiento y estigmatización del racismo y sus fundamentos objetivos y subjetivos.
El estdudio y enseñanza de la historia que no reducca al negro solo a su papel de mano de obra, un profundo estudio antropologíco que ponga la verdad historica, y no la historia blanqueada que sea mostrado hasta ahora, es estudio profundo de los grupos y partidos politicos de la historia cubana y los más profundos aspecto del devenir historico congreto de la formación de la nación cubana que le devuelva al negro el digno papel que desempeño dentro de un medio ostil de acción y pensamiento, que le nego toda posibilidad de desarrollo y que en ocaciones prefirieron rendir las armas ante el avance en laS LUCHAS ENMANCIPADORAS DEL HOMBRE NEGRO.
La verdadera historia de America esta aun por escribir






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