Úrsula, de Jesús. Diario espiritual de la Venerable Úrsula de Jesús, escrito por ella misma. Versión elaborada para un lector moderno a partir del original. Lima, Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, 2012. p. 184
Por otra parte, en su discurso es notoria la forma en que las relaciones de poder que fomentan la estratificación y la jerarquía a menudo perpetúan la desigualdad para con las personas de posición inferior y a pesar de que Úrsula estaba consciente de los vejámenes que tenían que soportar los esclavos y estar en desacuerdo con ellos, en su escritura debía referirse a sí misma, sobre todo cuando estaba frente a la divinidad, con epítetos que la denostaban mostrándose aquí el tópico de la diminutivo “con que se autorrepresentan las monjas enunciantes del discurso conventual teniendo como fundamento la concepción del texto bíblico como palabra de Dios”40 lo que podemos apreciar en la siguiente cita: “<>”41. Esta estrategia discursiva fue empleada por Úrsula de Jesús en su relato autobiográfico, pues le servía como un mecanismo de defensa, con el fin de evitar posibles roces y conflictos con sus guías espirituales o bien con las instituciones que llegasen a revisar sus escritos.
En la cita anterior se aloja el auto vituperio como recurso discursivo. En función de este hay que señalar que las religiosas –en general- consideraban que debían humillarse y ser humilladas frente a la divinidad porque de esta forma se iría perfeccionando su camino de fe. Cuando Úrsula afirma constantemente que no busca recibir el tipo de conocimiento infuso que se le revela y se denuesta, en realidad busca dotar de veracidad sus narraciones amparándose y apropiándose del discurso de la entidad dominante. Sin duda, la donada negra debía hacer frente por medio del tópico de la diminutivo a una doble dimensión que la anulaba y denigraba como sujeto espiritual, primero como donada y luego como negra para poder dotar de veracidad su discurso. Es importante hacer ver que éste probablemente, era el único mecanismo que tenía Úrsula para plasmar escrituralmente sus intenciones.
En el caso de la siguiente cita y en medio de una conversación con las voces que le hablan, se puede apreciar el temor que siente por haber cometido pecados antes de convertirse en donada. Así, las voces le responden qué debe hacer para no ser condenada:
Que yo conociera de mi que era una nada, un gusano y que no merecía sino el infierno, y que por sola la bondad y caridad de Dios se me hacían estos beneficios, y que le de muchísimas gracias por ellos. Que adore yo a mi Señor con la reverencia y amor que le adoraron los angeles en el pesebre y en la cruz y en el sepulcro
Se puede inferir que Úrsula consideró que si no hubiese sido iluminada por la divinidad, hubiese estado confinada al infierno por sus pecados y su condición de esclava, sin embargo, la premisa de la igualdad de las almas al momento de la muerte, no importando su posición económica y social le daba la esperanza de acceder a la salvación. La siguiente cita, ilustra de buena forma esta premisa:
A dos o tres días que me andan poniendo delante aquella reina que me mostraron una vez, para que la encomendase a Dios.43 Yo, desechando esto como tentación, dije: <>. Díseme: <>. Yo e oído decir que la profesiones de las donadas no valen y pregúnteselo, y dice que como se haga de corazón que si vale, que lo demás es engaño
Es relevante no perder de vista el hecho de que estas visiones llegan a Úrsula desde el purgatorio, siendo este espacio caracterizado como el lugar en que se anulan las diferencias jerárquicas sociales, y estableciéndose como un espacio regido por la justicia divina donde el proceso de transición de la purificación de los pecados, opera de manera homogénea entre los muertos.
A partir de las reflexiones a propósito del temor que sentía Úrsula por la naturaleza de sus visiones desde su posición de donada negra, es pertinente referir aquí el momento en que ella narra el milagro del pozo, pues se presenta con una interpretación alternativa en su propio texto, diferente a la realizada por el franciscano anónimo, analizada en el capítulo anterior:
Domingo, luego que comulgue vi acá dentro de mi, encima de mi corazón, como a Cristo resucitado. Luego me fui al sagrario y halla le vi. No me dijeron nada. Entúbeme un rato alabando al Señor y dándole gracias. Díseme a mi: <>. Estuve un rato alabando al Señor y disenme: <>. <>. <> <>. <>. <>. <<Pues como dudáis de la encarnación, asta ahora no sabíais esto. Esta narración deja en evidencia como operaba en la interioridad de Úrsula, el sistema de creencias imperante en esta época. La divinidad le hace ver que ella estaba confinada al infierno, pero que le concedió el beneficio de vivir por haberse encomendado a la Virgen del Carmen, es decir, gracias a su fe. El siguiente fragmento sirve para ilustrar de mejor forma el pensamiento que tiene Úrsula a partir del evento del pozo, donde sus voces le comunican lo siguiente: “Últimamente, yéndome a recoger, disenme que me tienda como un muerto con la cruz en el pecho y cruzadas las manos, y que piense en la muerte. Que ya yo lo abia de estar, sino que la misericordia de Dios me tiene aquí.”
A continuación se presentan una serie de preguntas y respuestas que buscan reafirmar la devoción de Úrsula. Es interesante esta visión, pues da cuenta de los temores que tenía Úrsula frente al castigo divino, pero también da cuenta de su devoción y eterno agradecimiento al Señor por haber considerado su fe y haberla salvado, creemos que es pertinente citar el siguiente fragmento:
<>. Y por este modo se refirieron muchos beneficios y como se han de dar gracias por ello, y a cada cosa de estas me dicen a mi de cuantos males me an sacado, por cuantas cosas meresia estar en los ynfiernos y como debo dar gracias a Dios por estoTodo esto nos da pie para analizar una de las visiones más significativas en el relato autobiográfico de la donada negra, donde la figura de Cristo la reprocha fuertemente, lo que se contradice con la visión misericordiosa del mismo:
Miércoles, tuve un poco de lugar. Así como me puse en la presencia de Dios, empiézame a decir: <>. Esto vi casi entre sueños, y ahora me lo dicen. Era un señor muy grande y con ropaje carmesí asta la pantorrilla, muy blanco y colorado. Y así que yo llegue cerca volvió las espaldas, quedando la Virgen sola. Yo junte las manos y le hice una gran cortesía. No me hablaron aquí, mas entendiendo yo que era por lo que yo determinaba, le prometí de no salir del convento. Dijo: <>? Era que me sacara de muchas cosas, que por su misericordia lo yso, y asi lo dice ahora, y por ruegos de la Virgen de mi padre San Francisco y de mi madre Santa Clara, porque yo me abia encomendado a ellos todo corazón. Otras cosas me trujo a la memoria, que conosia yo que todo era verdad. Que yo decía que andaba temiendo no me engañara el enemigo. ¿Qué si el podia sacarme de mis pecados y vicios? Que antes me metería en ello. Que por qué no creya? Y que yo desia que no quería ver ni oyr estas cosas (…)
Este tipo de visiones son el reflejo de una interioridad en constante conflicto, de hecho en este punto del análisis ya estamos en condiciones de afirmar que los sucesivos cambios que tuvo que enfrentar Úrsula de Jesús durante su vida como –en primer lugar- pasar de esclava a convertirse en un sujeto espiritual, para posteriormente desarrollar el ejercicio escriturad y mediante él transformarse en un ejemplo a seguir al interior de la vida conventual, operan aquí como innegables muestras de hechos conflictivos en este contexto.
A pesar de que la donada negra se plantea en su relato autobiográfico como un sujeto humilde, reverente y modesto, lo cierto es que a nivel discursivo se plantea como todo lo opuesto, pues a pesar de que se sabe negra y donada propicia una situación enunciativa en la que se opone de manera discreta a la normatividad establecida en torno a la concepción que se tenía de los negros.
El cuerpo: punto de partida y final
Úrsula de Jesús interpretó la obtención de la libertad como un beneficio de Dios. Este beneficio le fue otorgado porque el Señor reconoció en ella un alma piadosa con una profunda fe cristiana. Pero es importante mencionar que no sólo le otorgó la libertad, sino que con esto, también se le concedió la posibilidad de llevar a cabo el ejercicio de la escritura. Así, se fue posicionando como la portadora del mensaje divino frente a la insatisfacción que sentía el Señor hacia sus fieles y como intercesora de las almas del purgatorio.
Todo esto significó además, el alcance de un mejor estatuto social, mediante el cual expresando su agradecimiento al Señor desde su espiritualidad –tal vez- se aseguraba un breve paso por el purgatorio e incluso quizás acceder inmediatamente al paraíso gracias a su entrega a los asuntos religiosos, sin embargo, de la inseguridad en torno a la naturaleza de sus visiones se desprende el hecho de que durante mucho tiempo experimentó la negación de su propia carne, de su cuerpo negro, mortificándolo por el temor a que por las condiciones de este y su extrapolación al plano social la terminaran por condenar al infierno como se puede apreciar en la siguiente cita:
Víspera de Asunción de Nuestra Señora, adorando al Santísimo Sacramento vi a Cristo crucificado, y a los lados el Padre y el Espíritu Santo con vestidura blanca. Decianme: <>. Decianme: <>. A, el señor Jesucristo estaba con los brazos abiertos para reçivir; mientras que yo estaba en esto con mucha atención, al lado izquierdo me estaban diciendo: <>. Esto me açia estar con grandes congojas, porque conocía que era el enemigo que parecía tenerle allí, estorbándome. Estando en eso me dormí un instante, recordé y dile gracias a Dios porque me había traydo. Aqui dijeron me: <>. Estas tres personas estaban dentro del sagrario; aquí fue lo del siliçio49: ¿Qué por qué no me le abia puesto, siendo miércoles?.
Es evidente que desde el momento en que Úrsula alcanzó el estatuto de la libertad, comenzó a sufrir un cambio y una “confluencia de sus identidades mutables y múltiples como una mujer negra, como esclava y liberta, y como una sirvienta religiosa que vivía en una comunidad enclaustrada”51; en definitiva, como una mujer que desde el espacio espiritual alzaba la voz frente a la problemática religiosa y jerárquica de la Lima Virreinal como se puede ver en el siguiente fragmento:
Un día de estos vino a la enfermería una señora monja, y sentándose en una cama enpeso [a] hablar de aplausos, y que las aturdidas o santas las aplaudían. Habló de manera que entendile que venia a mi algo de aquello. Entúbeme en el rostro Bazo, prosiguiendo con lo que tenia entre las manos. Y no soy mala. No me pareció bien que las personas que tratan con Dios se diviertan en aquellas cosas de tan poca importancia, y por las varas que estaba tirando, estaba yo: cuan diferente lo piensan. Que por la gran caridad de Dios, si me pusieran delante montes de oro y cuantos tesoros tiene el mundo, no hiciera mas caso que lo que traigo debajo de los pies, ni lo mirara. voime a Dios y dígale que yo tengo muchas peores cosas y estoy mirando las ajenas. Que me quite todo lo que en mi desagrada a sus divinos ojos y que no me deje de su mano, y que me de gracia para que no vea las faltas del prójimo sino las mías. Y encomendé a Dios a la religiosa. Díseme: <> Quisiera que las monjas me dieran de palos [a] que me hicieran favores cuando las topo. Quisiera que la tierra me tragara antes que me vieran ni me hablaran. Si la reina me llamara no fuera y lo estimara en menos que los muladores, con ser yo el peor de todos. Si yo quisiera aplausos, muy buen lugar me sabría dar, y muy bien lo sabría ganar y tener cuanto quiera, mas Dios me izo caridad de que lo dejara todo por Él, de manera que cuanto ay en el mundo me sirve de tormento. Todo esto que va aquí son unos pedacitos bocados . Cuando me siento por ay me acuerdo de algo, mas se me vuelve a olvidar.
Es crucial comprender que todos los conflictos en la experiencia vital de Úrsula pasaron por su color de piel y condición social, cambiando esta última con el correr del tiempo. Estos conflictos se constituyen como un lineamiento que en diferentes momentos de su vida la determinó, condicionó, abatió o exaltó su figura en el espacio espiritual dependiendo de la transformación que estuviera enfrentando. Estas transformaciones se fueron sucediendo desde su entrada al Convento de Santa Clara como esclava hasta el momento de su muerte como donada negra reconocida por la comunidad conventual como una mujer iluminada por el Señor. Si es posible afirmar algo respecto a este tema es que la problemática relación que mantuvo Úrsula de Jesús con su cuerpo si bien fue mutando con los años, nunca dejó de ser un espacio en disputa entre la propia resistencia desde su condición de negra y la colonización y alienación de su cuerpo en el espacio social y conventual del siglo XVII.
Hay que comprender que el cuerpo se constituía, en este contexto, como un delimitador de fronteras que permitía jerarquizar los niveles de pertenencia de los sujetos en las comunidades religiosas. Así, la manera en que los sujetos construyen sus propios cuerpos influye en las posiciones ocupadas en el espacio, especialmente en comunidades como las analizadas en este trabajo, donde el cuerpo es uno de los principales marcadores identitarios y de diferenciación tanto en el interior de la propia comunidad como entre la comunidad y el exterior. De esta forma, la relación con la comunidad implica la administración, por parte del sujeto, de los marcadores identitarios definidos por la instancia comunitaria. Estas marcas son anteriores al establecimiento de las relaciones entre el grupo y el individuo. No obstante, este último puede “jugar” con ellas, reproducirlas en diferentes grados, construir significados nuevos y definirse a sí mismo en relación con el modo de administrarlas. Aquí se conjugan los procesos de comunitarización e individualización..
En el cuerpo de Úrsula de Jesús se debatían diversas contiendas, primero con su entorno y con la normatividad establecida y más tarde consigo misma durante su proceso de conversión de la esclavitud a sujeto espiritual por considerar que en su cuerpo habitaba el pecado. Úrsula negaba su carne vistiendo un cilicio y realizaba constantes ayunos al mismo tiempo de que llevaba a cabo diversas prácticas de mortificación en el marco de la creencia de que el cuerpo femenino estaba en pecado y corrupto.
No debemos pasar por alto el hecho de que Úrsula realmente desempeñaba labores arduas y humillantes, pues no debemos olvidar que su condición de liberta no la libraba de tener que servir a otras compañeras de convento que gozaban de mayor prestigio en la escala de la jerarquía social. Es así como a lo largo de su relato autobiográfico, el correlato con la servidumbre nunca desaparece, asoma constantemente, pues atravesó toda su existencia ya que Úrsula nunca fue dueña en absoluto de sus actos ni de su cuerpo.
Quisimos finalizar este trabajo con este apartado, en tanto consideramos que si bien el eje que orientó este análisis fue el problema de la negritud y la esclavitud en el espacio conventual de la Lima Virreinal del siglo XVII, no se puede excluir la problemática del cuerpo que atraviesa todo el relato autobiográfico de Úrsula de Jesús. Aunque la donada negra nunca hubiese podido sortear las desigualdades a las que debía hacer frente ya sea como esclava o donada, si logró sobreponerse a los prejuicios de una sociedad que relegaba a los de su condición social y constituirse como un ejemplo en la comunidad religiosa. Así, su historia trasciende hasta la actualidad entre las clarisas, todo esto según lo registrado por Ismael Portal en su libro La Lima religiosa donde se nos muestra lo singular que fue la vida de Úrsula de Jesús y cómo a través de la escritura de su relato autobiográfico construyó un universo discursivo donde todos tenían cabida, pero sobre todo, un relato donde hacia hablar a los negros a través de su escritura volcando su propia subjetividad en ella. 43






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