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Urzula de Jesus

Chila

La negritud como problemática social
Para comenzar, nos gustaría precisar la categoría que usaremos para abordar nuestro objeto de estudio en vistas del análisis que desarrollaremos en las siguientes páginas. Para dar cuenta de la problemática en torno a la subordinación jerárquica a la que debió hacer frente Úrsula de Jesús, no optaremos por la categoría de raza, que posee una doble dimensión por ser una construcción y una práctica social que se ha desarrollado a través del discurso. Consideramos que se basa no tanto en la idea de realidad biológica como en la de una construcción ideológica y a pesar de que trae consigo de manera funcional los conceptos de diferenciación, segregación y tergiversación de la otredad no se aplica al momento histórico en el que nos situamos. Selbstzweck afirma que cualquier clasificación racial termina por simplificar la diversidad humana de manera tal que se convierte en la mayoría de los casos, en una finalidad en sí misma2 y como la categoría raza es propia de mediados del siglo XVIII, consideramos que además de ser derivada desde los imaginarios sociales, resulta ser anacrónica.
2 Citado por Max Hering Torres. “Raza: variables históricas”. Revista de Estudios Sociales 2007, N°26, p. 9.
Es importante dejar en claro que la diferencia de los africanos esclavizados en el continente americano se construyó a partir de un sistema de saber y dentro de una serie de relaciones de significación que toman el color de la piel como una marca en función de descifrar la naturaleza del ser de los negros. Como sugiere María Eugenia Chaves
Maldonado, este anacronismo trae consigo serios problemas, pues oculta y banaliza el peso histórico que tienen más de trescientos años de ejercicio colonial que contaba tanto con una estructuración de formas de significación como de un saber sobre la diferencia. Finalmente, ya que el racismo se traduce tanto en construcción como en práctica social y ambos convergen y se manifiestan como un poderoso ente discursivo, abogaremos por la utilización de la dimensión social, entendiendo al negro como parte de ella.
Esclavitud negra en el Convento de Santa Clara
La esclavitud ha existido desde los albores de la humanidad, pero esto no significa que sea fácil definirla. Según William Philips4 existen tres condiciones que permiten emplear la noción de esclavitud, a saber: la concepción de un sujeto como propiedad de otro, los derechos ilimitados del propietario sobre él y la condición de forastero del sometido. Estos tres aspectos están presentes en la trata de esclavos negros que tuvo lugar en la Hispanoamérica Colonial y cómo no, en la capital del Virreinato del Perú y más importante ciudad de América meridional durante el régimen español, Lima.
Según Arturo Morgado García5, la categoría de el otro, se aplica de manera perfecta a la condición de sumisión que debían mantener los esclavos. En virtud de esto consideramos que la alteridad en cualquier caso parte de la base de la desigualdad y trae consigo 7

implicancias jerárquicas. Desde la perspectiva social, mediante la cual abordaremos nuestro objeto, el esclavo se sitúa como un sujeto diferente frente a una identidad dominante, que refleja a modo de espejo los valores a los que debe ceñirse todo comportamiento social. De esta forma, el esclavo se constituye como tal en tanto se opone a lo normativo, no sólo desde el punto de vista de su color de piel, sino que también en el plano de la religión, por tener creencias paganas en vez de cristianas y en el plano de lo cultural por ser considerado salvaje en el mundo occidental.
Sin embargo y aunque debemos considerar lo expuesto anteriormente, a la esclava negra se le atribuían otras características y es aquí donde debemos comenzar a dar cuenta de las condiciones de subordinación que tuvo que enfrentar Úrsula de Jesús en el Convento de Santa Clara. La figura de la negra no sólo era relacionada con una inferioridad intelectual y moral, sino que además con la abundancia, la fertilidad y la fiereza de aquella parte del mundo de donde proviniera6. Fue así como se fueron configurando diferentes connotaciones en torno a la piel negra, “como metáfora de lo impuro, de lo moralmente sucio, del pecado y del demonio que se representa de este color, en contraste con las connotaciones positivas de lo blanco, que es paradigma de pureza, de inocencia y de Dios.”
Como podemos ver, la negritud traía consigo una imposición simbólica innegablemente fuerte, cargada de prejuicios que anulaban la condición de sujeto de aquellos que tuvieran la piel oscura, pues eran considerados un bien mercantil cuyos derechos eran relegados a un territorio suprimido por el sistema social imperante. Es necesario extrapolar este contexto a la vida conventual, la cual no está exenta de la práctica esclavista. Así, entre 1617 y 1645 Úrsula de Jesús fue una de las tantas negras que tenían impuesta
… una servidumbre legal, pero la posición social de una esclava en Santa Clara dependía de diversos factores complejos e interrelacionados. Para empezar, el estatus del ama y el que la esclava hubiese formado parte del hogar de la novicia antes de ingresar al convento, frecuentemente determinaba el poder y la autoridad que la esclava tendría una vez que ingresara a los claustros8.
Así, Úrsula desde su posición de esclava conoció no sólo las insondables diferencias de la desigualdad humana, sino también las arduas labores de la servidumbre. Sin embargo, aunque este panorama resultaba adverso para el desarrollo de su espiritualidad, pudo sortear las dificultades y construir una imagen de autoridad espiritual por medio de la escritura, ganándose el respeto no sólo de la población seglar, sino también de sus compañeras de claustro.

El milagro del pozo

A pesar de que Úrsula de Jesús desempeñaba las labores comunitarias propias de una esclava al interior del convento, tales como ayudar en la cocina y en la enfermería, también era reconocida por sus intereses frívolos y materiales. Tras la lectura de su Vida se nos revela un importante episodio que es referido de manera muy breve en su relato autobiográfico a pesar de que resulta ser determinante para su configuración como sujeto espiritual. Dicho episodio es el milagro del pozo, el cual se puede apreciar en el siguiente fragmento: Le mancharon una saya nueva, que avia prestado, y con enfado/ la lavó, y fue â tender en el Pozo del convento, que es el mâs hondo,/ que ay en la ciudad; y echarla sobre un palo que la atravesaba en medio,/ al pararse sobre ellas, se le hundieron las tablas, y quedó Ursula colgada/ en medio del Pozo, con una mano azida al palo, y con otra del Santo escapulario de Nuestra Señora del Carmen, que siempre traya puesto. En tan/ horrendo susto, y conocido riesgo, la esforzó el Señor, para que invocasse el soberano/ auxilio de su Madre, y asi la dixo con todo el affecto que pudo: Señora pide â/ tu Hijo que no me condene. Acudiô al suceso gran parte del Monasterio, y por/ ser la boca del pozo muy ancha, nadie la podia socorrêr; con que todas la ayudaban â bien morir, no teniendo esperanza alguna de su Vida. Mâs o misericordias de Dios! Y ô eficacia del Poder, ê intercesión de María [!] Sin/ saber como, se viô milagrosamente fuera del Pozo, libre de tan grave trabajo, con mucha admiracion de las que estaban presentes, que nô cesaban de dâr al Señor gracias, por tan singular portento

Es importante hacernos cargo de la configuración escritural de este milagro en este punto de la investigación en tanto determina un importante cambio en la experiencia de Úrsula al interior de la vida conventual, pues “a partir de este evento ella encontró un objetivo de vida más amplio. Rogando a Dios y a ciertas monjas que la instruyeran en los asuntos espirituales”10, lo que finalmente terminó por posicionarla como una sierva de Dios. En el caso de Úrsula de Jesús, el milagro del pozo fue interpretado como suceso base o inicial para construir alrededor de su figura un modelo de santidad femenina.

Es muy importante señalar que si bien este milagro dio inicio a su camino espiritual manifestando su devoción por el Señor, ella seguía siendo una esclava y en este caso, una esclava con intereses espirituales, lo que no tardó en traerle dificultades. Una vez que Úrsula decidió volcar su vida a la religiosidad, surgieron los conflictos con su ama, ya que por atender asuntos piadosos descuidaba sus obligaciones. Fue así como después de un lapso de tiempo decidió solicitar permiso para abandonar el convento y buscar a un nuevo amo. Todo esto dio pie para que sucediera el segundo acontecimiento gravitante para nuestra investigación, que determinó fuertemente el desarrollo escritural de Úrsula, pues según su biógrafo, una monja motivada por el interés de que siguiera perteneciendo a las clarisas, advirtiendo que poseía dones especiales, decidió comprar su libertad en el año 1645.

Así, Úrsula adquirió el estatuto de persona libre al interior del convento, lo que le permitía ser su propia ama y dedicar un mayor tiempo a las labores espirituales; sin embargo, los problemas de Úrsula no terminaron con esto. El hecho de que se le hubiese otorgado la libertad no anuló sus conflictos internos, pues desde su nueva posición social, debía decidir si prefería vestir el hábito de donada o si bien abandonaría el convento. Tenía claro que al aceptar el hábito de donada debería dedicar parte de su tiempo a la servidumbre, hecho que sin duda contrastaba con su nuevo estatuto de libertad y la hacía renegar, pues al fin había logrado desprenderse de su condición de mercancía. No quería someterse nuevamente. No obstante, su biógrafo afirma que luego de reflexionar por un tiempo, decidió recibir el hábito religioso simple desde su condición de liberta el día 18 de diciembre de 1645.

De esclava a donada, construcción de un sujeto escritural

En el momento en que Úrsula decide vestir el hábito religioso simple comienza su año de noviciado o preparación para recibir el hábito de donada. Durante él realizó varias prácticas que a nuestro juicio dan cuenta de la forma en que entendía la negación de su propia carne y cómo la relacionaba con los sufrimientos padecidos por Cristo. No solo practicaba el ayuno o la autoflagelación, sino que además … vestía un cilicio, una corona de espinas escondida debajo de sus cabellos y apretadores con puntas de hierro en sus brazos y cintura. A la espalda llevaba una cruz erizada de púas, sostenida contra su cuerpo por un corpiño hecho de piel de cerdo, con las cerdas vueltas hacia adentro para intensificar el efecto. Todos los días se azotaba a sí misma antes de acostarse, y nuevamente al levantarse a las cuatro de la mañana.11

Cuando finalizó su preparación y después de realizar su confesión general con el jesuita Miguel de Salazar, profesó el año 1647, recibiendo el hábito de donada desde su nueva condición de liberta.

Es imperioso dejar claramente establecida la importancia de ambos acontecimientos previamente expuestos: el milagro del pozo y la manumisión de Úrsula. El primero, que permitió que fuera reconocida como una negra con dotes espirituales iluminada por la divinidad; el segundo, el momento que propició el desarrollo de su escritura desde su condición de liberta iniciando su relato en el momento en que recibió la iluminación divina al recibir el hábito de donada. Queda establecido que ambos hechos, con sus respectivas consecuencias, son absolutamente interdependientes, es decir, que están imbricados en el proceso que posibilitó la escritura del relato autobiográfico de la donada negra Úrsula de Jesús. Como podemos ver, ambos hechos funcionan linealmente y si alguno de estos no hubiese sucedido, Úrsula difícilmente podría haber emergido desde la esclavitud y la construcción de santidad en torno a su figura habría resultado inviable. Su escritura, por otra parte, no hubiese visto la luz sin haber sido manumitida con anterioridad y librada de los estigmas de la esclavaitud en la época colonial.

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