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NEGRITUD EN BRASIL

candoble
reina del candoble

Brasil y su negritud Brasil, el “país más racista del mundo”, como lo calificara a principios de los años ochenta, en plena dictadura militar, el sociólogo Alberto Guerreiro Ramos, ¿está en camino de una profunda mutación? Ese es el sentimiento de la gran mayoría de los expertos entrevistados. “Esas cuotas son la única alternativa a los mecanismos de ocultamiento y exclusión social establecidos desde el fin del esclavismo”, asegura Spiritos Santos, autor de un blog sobre la cuestión racial y profesor de música afrobrasileña en la Universidad del estado de Río. Para el fraile franciscano David Raimundo dos Santos, “esta nueva fase es una revolución para Brasil”. Responsable de Educafro, asociación que lucha para llevar educación a los negros, él está convencido de que, en el curso de los años, el negro ha pasado “de esclavo del amo a esclavo del sistema”. Y agrega: “Brasil se despierta pudiendo anunciar que tiene un método de integración”. Un despertar después de una larga y tormentosa noche, la de “una prolongada negación de la afrobrasileñidad”, advierte por su parte Richard Marin, profesor de Historia y reconocido especialista en Brasil. Desde la independencia de Brasil en 1822, las élites no han dejado de renegar de la matriz africana. “Preocupadas por glorificar un pasado que no le debe nada a los portugueses, esas élites exaltaron en un primer tiempo al indígena, el dueño original de estas tierras, lo que no representaba peligros para el orden esclavista”, explica Richard Marin. Se margina al negro, como queriéndolo borrar del mapa. Incluso el escritor abolicionista Ruy Barbosa de Oliveira (1849-¬1923) autorizó en 1890, como ministro de Finanzas, la destrucción de la mayor parte de los archivos del Gobierno relacionados con el esclavismo. Fue una manera de reprimir una mancha vergonzosa y evitar toda forma de compensación, explica Vik Birkbeck, cineasta británica establecida en Río y una de las fundadoras de un abundante fondo de archivos en vídeo sobre la cultura negra. Una vez abolido el esclavismo, los excautivos quedaron librados a sus propias fuerzas. Mientras en Estados Unidos el presidente Abraham Lincoln abrió 4.000 escuelas para los esclavos, Brasil no creó ninguna. “Sin tierras, sin educación, apartado de toda estructura social, el negro libre fue condenado a la miseria”, señala Alain Rouquié en “Brasil en el siglo XXI”. “La tan esperada abolición arraigó la desigualdad”. Hasta la crisis de 1929, el auge cafetalero atrajo a cuatro millones de inmigrantes de Europa, poco interesados en el pasado colonial y en las raíces de su patria de adopción. Estos exhibían con orgullo su identidad, cuando por todas partes triunfaba “la superioridad del hombre blanco”. Se estableció una propaganda inmigracionista venida del Viejo Mundo con el propósito de “limpiar la sangre”, como decían, pues esta joven y ahora rica nación no podía avanzar con una población mayoritariamente negra. La llegada masiva de europeos produjo naturalmente una población de piel más clara. En Río, en 1911, el congreso internacional de las razas anunció el “blanqueado” de Brasil para el siglo siguiente. Con el “modernismo” brasileño de los años veinte, que rechazó el servilismo para 30/07/2015 Expreso | Brasil y su negritud con el academicismo europeo, y también con las novelas de Mario de Andrade, que hablan del paso de la cultura blanca a la negra, se instaló la memoria mestiza. Pero habría que esperar a los trabajos de Gilberto Freyre y primero de Casa Grande e Senzala (Amos y esclavos), en 1933, para que se abriera una perspectiva que exalta el mestizaje como una “especificidad sublime” de Brasil. Si bien el sociólogo de Recife elaboró una visión magnificada del colonialismo portugués y el pasado esclavista, tuvo el mérito de no establecer ninguna jerarquía entre las “tres razas fundadores”, africana, indígena y europea. LA REALIDAD. Definida en contrapunto con el modelo segregacionista privativo en Estados Unidos, esta noción tuvo un rápido éxito en Brasil, donde contribuyó a legitimar el régimen autoritario del Estado Novo (1937¬1945). Mitad blanca y mitad negra, Nossa Senhora de Conceição Aparecida se convirtió en la santa patrona del país. El plato de los esclavos, la frijolada (arroz con frijoles) se impuso como plato nacional. La otrora música de “negros”, la samba, se convirtió en el ritmo típico brasileño. “Al menos hasta fines de los años setenta, fue a través de ese estereotipo (del mestizaje biológico y cultural) como el país se hizo ver en el exterior”, agrega Richard Marin. “Y no obstante, el mito de la ‘democracia racial’ está lejos de la realidad de las condiciones en que viven numerosos afrobrasileños, víctimas del racismo. La mayoría de los brasileños prefiere el eufemismo ‘prejuicio racial”‘. Disfrazado por la falta de segregación jurídica y la calidez de las relaciones sociales, ese “racismo cordial” es negado por el tabú nacional. Los brasileños consideran que no tienen prejuicio de raza, sino “el prejuicio de no tenerlo”, según la expresión del sociólogo Florestan Fernandes. Una investigación realizada en los años ochenta por la antropóloga Lilia Moritz Schwarcz da la medida de esa represión. Mientras que 97% de los entrevistados aseguró no tener ningún prejuicio racial, 98% dijo conocer a otras personas racistas. No sin humor, la antropóloga concluye de ahí que “cada brasileño se percibe como una isla de ‘democracia racial’ rodeada por racistas”. Una investigación del Instituto Nacional de Estadísticas de 1976 revela muy bien la compleja relación que tienen los brasileños con el color de la piel. Se le pidió a cada entrevistado que indicara su color de piel. El éxito fue inmediato y provocó un sorprendente rompecabezas. Los brasileños se reconocieron en no menos de 136 matices de color del blanco al negro. Como si la identidad racial fuera un atributo social pasajero y relativo, “un objeto de negociación”, según Lilia Moritz Schwarcz. Hubo que esperar a 1986 para asistir a la elección ¬ tumultuosa y controvertida¬ de una Miss Brasil negra. Esperar a 1988, tres años después del fin de la dictadura militar, para que en la Constitución se inscribiera el racismo como un “delito imprescriptible”. Y esperar a la ley del 9 de enero de 2003, apoyada por el presidente Lula, para que la enseñanza de la historia y la cultura afrobrasileña fuera obligatoria en la escuela primaria y secundaria. Maltratado por el régimen militar, el movimiento negro, ultraminoritario, encontró sólidos apoyos en la opinión progresista desde las primeras horas del Brasil democrático. Hizo presión para reemplazar el 13 de mayo, aniversario de la abolición del esclavismo, por el 20 de noviembre, la Jornada de la Conciencia Negra que conmemora la muerte del legendario Zumbi dos Palmares, líder negro insurgente del noreste brasileño en el siglo XVII. Este movimiento también militó por la adopción de medidas de discriminación positiva sobre el modelo de la acción afirmativa de los años sesenta en Estados Unidos. El debate sobre las cuotas raciales apareció durante la presidencia de Fernando Henrique Cardoso (1995¬2002). Sensible a la cuestión negra por haber dedicado su tesis de sociología al esclavismo, él estableció grupos de trabajo para hablar de las acciones públicas de valorización de la población negra y la obligación de mencionar el color de la piel en los documentos oficiales. En 2002, la Universidad del Estado de Bahía se abrió al sistema de las cuotas raciales, y fue seguida a cuentagotas por una sesentena de establecimientos. Con el presidente Lula, el objetivo explícito de la política de cuotas raciales “se dirige a ‘reparar’, a compensar la discriminación de que son objeto los negros, cosa que 30/07/2015 Expreso | Brasil y su negritud, pocos brasileños refutan”, explica Richard Marin. Fue ese camino el que quiso seguir la Suprema Corte después de una decena de años de debates y vacilaciones. Recién se estrenó la telenovela “Lado a lado”, cuya historia se dedica a la vida de los negros tras la abolición del esclavismo. “Es un período rico y todavía poco explorado”, comentó el actor principal, Lázaro Ramos. Le Monde

JOAQUIN BARBOSA: HITO PAEA LA NEGRITUD BRASILEÑA

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