Ya desde las primeras líneas de Identidades secretas queda claro el propósito del autor: explorar las conexiones entre la identidad argentina y la afroargentinidad. Se trata, entonces, de cuestionar el espejo en el cual ha querido mirarse la Argentina desde el éxito del proyecto liberal decimonónico, cuyos discursos Solomianski propone leer como los discursos aristocratizantes de un proyecto nacional que se sustentó en el silenciamiento y la desaparición de aquellas voces y cuerpos que contradecían esa ficción identitaria argentina. Solomianki plantea leer “las voces ocultas de la ‘negritud’ en el Río de la Plata y la comunidad nacional argentina” (14), a través de dos ejes: 1) el del imaginario hegemónico constituido a partir de operaciones de represión y distorsión de la afroargentinidad y 2) el de la restitución de esas voces y (por lo tanto) las de las identidades reprimidas y acalladas. El primer capítulo parte de la conocida presuposición de que la Argentina es el país más blanco y europeo de América Latina. Un interesante ejemplo sirve incluso para mostrar esta representación imaginaria: “La insólita discriminación contra María Magdalena Lamadrid, argentina de quinta generación y fundadora de ‘África vive’, detenida bajo el cargo de extranjera con documentación falsa en agosto de 2002” (37). Esta parte sirve para plantear la represión de las representaciones de la afroargentinidad como parte constitutiva del imaginario nacional, represión que opera no solo en el ámbito literario sino también en la documentación de los censos de población a través de los cuales, sostiene Solomianski, se invisibiliza a los afroargentinos. El segundo capítulo despliega diferentes acercamientos teóricos con el intento de poner en cuestión nociones como “raza”, “negritud” y lo que Solomianski llama “blanquedad”. En esta parte se retoman los aportes de Teun Van Dijk, Henry Louis Gates Jr, Francois Jacob, Anthony Appiah, Charles W.Mills, Stuart Hall, Immauel Wallerstain, así como el controversial debate abierto por Richard Herrstein y Charles Murray en The Bell Curve. Luego Solomianski desplaza la discusión del ámbito anglófono al latinoamericano para indagar en tres propuestas fundamentales. En ellas vuelve a desmantelar las articulaciones racistas subyacentes: la síntesis superadora de Vasconcelos, el neodarwinismo explícitamente racista de José Ingenieros y la ignorancia de los aportes africanos de Ricardo Rojas. Queda claro, por otra parte, que el debate propuesto en este libro tiene que ver con dos historias y dos narrativas: la de la silenciada identidad afroargentina y la de la identidad argentina imaginada a través de lo que el autor denomina “la blanquedad”(que por supuesto opone al eje de la “negritud”) no solo como ficción identitaria sino, especialmente, como práctica represiva de diferentes reformulaciones racistas. El capítulo 3 gira en torno a la historia de lo que fue Argentina desde el siglo XVI hasta las invasiones inglesas, para señalar el genocidio como práctica fundacional de la colonia tanto en relación con los africanos como con los amerindios. En este segmento, Solomianski enfatiza la representación de personajes que, aunque estereotipados, dan cuenta de la historia representativa de la afroargentinidad y destaca que estos personajes (la lavadora, el aguatero o el vendedor de velas) subsisten en el imaginario nacional no como 1246 RESEÑAS representaciones afroargentinas sino como ideologemas anteriores a 1810, es decir, anteriores a la independencia, y por lo tanto, concluye el autor, esta representación de la afroargentinad se articula justamente a través de la negación de su argentinidad (26). El capítulo 4 comienza con un romance escrito por Pantaleón Rivarola en 1807 donde se destaca la participación de los combatientes negros en la defensa contra las invasiones inglesas. Este reconocimiento señala la desintegración representativa del rol histórico de los afroargentinos en la constitución de la “patria”, la misma patria que se irá articulando a través de un reemplazo del sujeto histórico por la barbarie y del sujeto cultural por el silencio. Aquí también se analiza este proceso de desaparición en relación con los aportes culturales afroargentinos y afrouruguayos en el Río de la Plata. Solomianski destaca el importante lugar que ocupa la poesía del afrouruguayo Joaquín Lenzina (Ansina) y, al mismo tiempo, se detiene a analizar el proceso de su desaparición de la historia cultural rioplatense, en especial en relación con las tradiciones literarias gauchescas. El capítulo 5 explora las representaciones antagónicas de la “patria” en el siglo XIX, no solo la rosista y la antirrosista sino, especialmente, las patrias que se definen alrededor de imaginarios que regulan la argentinidad a través de la “raza”. La literatura liberal es la que logra hacerse un espacio central en la definición de las pautas de la argentinidad y para eso demarca las fronteras de la patria a partir de la exclusión de la negritud, donde los afroargentinos serán ahora construidos a través de dos operaciones de desplazamiento y repudio: como extranjeros (109) y como amenazante presencia femenina (“la negrilla delatora”). Al lado de esta tradición letrada, Solomianski nos presenta no solo una tradición oral, sino también otras instancias escriturarias como la del periódico El Negrito. Diario de la Aurora. La sección final analiza El matadero de Esteban Echeverría a partir de “una lectura del discurso hegemónico desde la perspectiva subalterna” (122), en especial para mostrar las operaciones del lenguaje a través de las cuales la clase trabajadora se transforma, en Echeverría, en “todo lo horriblemente feo, inmundo y deforme de una pequeña clase proletaria del Río de la Plata” (127). El capítulo 6 nos propone hacer una relectura de Amalia de José Mármol y de Martín Fierro de José Hernández. En ambos casos, se sugiere una correlación entre la raza y el género. En el caso de Amalia esta relación apunta al análisis de la constitución productiva de jerarquías (de la masculinidad, por una parte, y de la “blanquedad”, por otra) en la articulación de un proyecto de argentinidad aristocratizante (además de centralista) donde la afroargentinidad se representa a través de su feminización y donde, al mismo tiempo, la clase social y la raza se entrelazan en un discurso comparablemente racista y clasista. Para discutir una contracara de este discurso, Solomianski se refiere al Martín Fierro, especialmente en relación con una proyección de la patria (especialmente en “La Vuelta”) que concierne a una integración de la afroargentinidad y que queda escenificada en la payada de Fierro y el Moreno. El capitulo 7 gira en torno de la producción de periodistas, poetas y payadores afroargentinos. Aquí, Solomianski nos enfrenta a algunas de las voces subalternas que permanecen silenciadas dentro de los discursos de la identidad argentina. Esta parte produce un corte con lo anterior para proponer que no solo se hace necesaria la revisión crítica de textos canónicos sino, además y fundamentalmente, la revisión misma del canon y la restitución de voces afroargentinas. Es aquí donde el título del libro cobra otro sentido: RESEÑAS 1247 no solo la identidad secreta de la argentinidad a través de la represión de la negritud sino además la identidad secreta de quienes redefinen la identidad argentina a través de la afroargentinidad. Aquí Solomianski cita y comenta textos de periódicos como La Broma, La Juventud, así como de los poetas “cultos” Miguel Noguera, Casildo G. Thompson, Horacio Mendizábal y el payador Gabino Ezeiza. En este caso, se propone al periodismo como una espacio de “exhibición de la conciencia identitaria” y a la poesía “culta” como un espacio conflictivo de la representación de la afroargentidad. La payada, por otra parte, es entendida como un espacio fundamentalmente afroargentino, y por lo tanto, como una práctica cultural capaz de poner en escena la temática de la identidad de la patria como una identidad fundamentalmente popular a través de la ecuación “payador=tradición oral=pueblo=argentinidad” (222). El último capítulo analiza la presencia afroargentina en el siglo XX a partir de los efectos de los flujos inmigratorios y de la apropiación “blanca” de prácticas sociales y culturales como las murgas, las payadas y el tango. En esta sección Solomianski reflexiona acerca de la producción del cineasta afroargentino Agustín Ferreyra y sobre representaciones “blancas” de la afroargentinidad (como es el caso de los tangos de Ángel Villoldo, Horacio Sanguinetti, Homero Expósito y Homero Manzi, así como algunas de las milongas de Borges en Para las seis cuerdas). En las conclusiones Solomianski se acerca aun más a recientes procesos de imaginación de la identidad nacional en relación con la “negritud”. Propone primero revisar el proceso de invisibilización de los afroargentinos a través del film El santo de la espada (1969), dirigido por Leopoldo Torre Nilson. En este caso, Identidades secretas vuelve a destacar la invisibilidad de los afroargentinos no solo en cuanto al olvido de su presencia en las luchas por la independencia sino, sobre todo, en cuanto a la permanente constitución de un imaginario nacional supuestamente “blanco”. El texto de Solomianski se articula a través de muchos ejemplos que, muchas veces y como reconoce el autor, no necesitan comentarios. Este ejemplo es uno de ellos: en referencia al film mencionado anteriormente, el autor nos recuerda que, a pesar de que más de la mitad de las fuerzas militares del ejército de San Martín eran ex–esclavos, hay un solo personaje “negro”, y que ese único personaje (femenino, por otra parte) está representado por una actriz “blanca”, es decir que, tanto en su representación histórica como en el medio usado para esa representación, Torre Nilson pone en escena nuevamente la ficción identitaria argentina a través de su “blanquedad”. Finalmente y a través de referencias a Argentinos de origen africano (un texto aparecido en plena dictadura militar y que recoge biografías de afroargentinos , en su mayoría militares), La revolución es un sueño eterno de Andrés Rivera y La internacional argentina de Copi, Solomianski discute lo que sin proponer como una nueva tendencia, al menos sugiere como un espacio abierto para el debate en cuanto a las, a veces paradójicas, coincidencias que estos textos producen entre negritud y argentinidad. En síntesis, Identidades secretas abre un debate acerca de las ausencias y las prácticas del olvido que constituyen el imaginario nacional argentino, y sobre la pertinencia misma de la tradición literaria, a la que propone revisar a partir de la construcción de una “blanquedad” que se articula a través del recorte violento de la “patria”. Identidades secretas sigue el debate abierto por George Reid Andrews en The Afro-Argentines of 1248 RESEÑAS Buenos Aires 1800-1900, Oscar Natale en Buenos Aires, negros y tango, Marvin Lewis en The Afroargentine Discourse, Another Dimension of the Black Diapora (todos ellos mencionados por Solomianski) así como Afroargentinos, dirigido por Jorge Fontes y Diego Ceballos. Si bien el libro de Solomianski, en su totalidad, constituye un acercamiento innovador a la cultura argentina, es importante destacar la novedad profunda y significativa de la recuperación de voces afroargentinas que Solomianski hace, sobre todo, en el capítulo siete, con su propuesta de hacer no solo un examen de la marginalización de los afroargentinos sino además, un cuestionamiento frontal a la “historia oficial” argentina (principalmente su historia literaria) y el comienzo de un debate que, como el mismo autor sugiere, concierne a una “tarea pendiente y necesaria en los umbrales del siglo XXI” (276). Trinity University ANA FORCINITO ALICIA DE COLOMBÍ-MONGUIÓ. Del exe antiguo a nuestro nuevo polo. Una década de lírica virreinal (Charcas 1602-1612). Berkeley y Lima: Latinoamericana Editores y Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar, 2003. Con habitual erudición y claro aprecio por la producción poética del período llamado “colonial”, la autora de este reciente estudio recorre un corpus poco difundido e injustamente olvidado: el de los textos producidos a principios del siglo XVII en la región de Charcas o Alto Perú. La profesora Colombí-Monguió es ya conocida por su valiosa contribución Petrarquismo peruano, de 1985, el más completo ensayo sobre la poesía presente en la Miscelánea austral (Lima, 1603) del poeta astigitano Diego Dávalos y Figueroa, publicada en Lima y en espera de una nueva edición. Continuando en esa misma línea de rescate, análisis y valoración de la lírica virreinal, la autora ha reunido en Del exe antiguo… once ensayos que ahondan en temas contemporáneos a los de la Miscelánea. La primera parte del estudio está dedicada a algunos poetas de la Academia Antártica, y la segunda se enfoca enteramente en un autor de enorme importancia, pero hasta aquí sólo aludido de manera superficial por la crítica en ambos lados del Atlántico: Luis de Ribera, autor de las Sagradas poesías (Sevilla, 1612), una de las mayores muestras de poesía religiosa producidas en América. Varios de los ensayos de la primera parte aparecieron en versiones anteriores, mientras que la mitad dedicada a Luis de Ribera constituye una total novedad. Vayamos, pues, según el orden de los ensayos, no sin antes apuntar que desde el “Prólogo” la autora define su acercamiento al corpus virreinal dentro de una perspectiva que respeta tanto sus filiaciones con el gran Siglo de Oro español como la peculiaridad de su enunciación desde el Nuevo Mundo, en que la construcción de subjetividades fronterizas no iba reñida del desarrollo y afirmación de una altura y dignidad discursivas a la vez españolas y americanas: “unidad esencial y particularidad circunstancial” (16), como afirma la autora. Asimismo, se declara la intención de reformular el canon de las letras coloniales bolivianas a través de dos autores asentados en la que entonces era Audiencia y provincia importantísima del Virreinato peruano: Dávalos y Ribera, ambos andaluces, que escribieron respectivamente desde L








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