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EL PALO Y SU FORMACIÓN DEL MUNDO

Nsambi

Cómo surgió el mundo*

Muchas leyendas cuentan cómo surgió el mundo a partir de Nsambi. Cuenta una de estas que en el pasado ANGOMI era el propio NSAMBI.

En ese tiempo Angomi dormía un sueño profundo y se expandía cada vez más. Según fue creciendo, Angomí notaba que su alrededor le era desconocido y como no podía salir de su espacio, comenzó a emitir una fuerte luz y a concentrarla en un ser llamado ALUVAYA.

Éste le prometió a Nsambi que iría a recorrer otros espacios para traer información. Para lograr su objetivo, le pidió a Nsambi el poder mágico de precipitar la energía capaz de formar la masa llamada materia. Nsambi escuchó su petición y le dio el secreto a Aluvaya, quien partió en busca de otros espacios. Al penetrar en lo desconocido, Aluvaya comenzó a sentirse poderoso por el secreto obtenido y resolvió no regresar. Comenzó a moldear las masas y precipitar la energía, transformándola en materia y creando así a los seres humanos. Los seres creados por él pasaron a ocupar los grandes centros de la materia aglutinada, llamada mundo.

Aluvaya cada día y a cada hora creaba un nuevo ser, a los cuales le dio la sangre para que sus vidas fueran más prolongadas. Entre tanto, Aluvaya comenzó a flaquear, a perder su poder. Para mantenerse poderoso comenzó a beber sangre de los seres que él mismo creaba.

De esa forma Aluvaya pasó a tener la misma constitución que los seres vivos. En este tiempo los seres no conocían a otro señor del universo más que aquel que los había creado. Uno de los seres humanos curiosos, le preguntó a Aluvaya el secreto de la vida eterna, y éste le respondió que la llave de ese secreto solo la tenía Nsambi. Entonces, Aluvaya sobrepasó los espacios y llegó al pié de Nsambi. Mintiendo, le dijo que del otro lado habían seres bonitos, planetas, flores, animales, etc, etc…

Aluvaya le dijo a Nsambi que si él se quedaba más tiempo en ese mundo, flaquearía mucho. Por eso, necesitaba conocer el secreto de la vida eterna. Nsambi percibiendo sus emanaciones, le respondió: “Aluvaya, usted me está engañando, usando sus poderes y bebiendo de su propia esencia. Por lo tanto, lo mandaré a usted de regreso, como castigo, y tendrá que mantenerse con la propia esencia de la vida que usted conoce, con la sangre.”

Nsambi tomó la decisión de crear nuevos seres espirituales para controlar su espacio infinito, dichos seres eran los Zinkisi; entre los que se encontraban: Nkosi Mukumbe, Gongobila o Lambaranguange, Katende, Nzazi, Kavyungo, Angoro y Angoromea, Kitembo, Tere-Kompenso, Matamba, Kisimbi, Kaitumba, Zumbaranda, Wunge, y Lembaranganga.

De cuando en cuando, Nsambi le pedía a sus Zinkisi que le informaran si Aluvaya hacía un buen trabajo. Nsambi, entonces, le pidió a Aluvaya que viniese ante su presencia a conversar sobre sus obras. Aluvaya le pidió ayuda a los demás seres espirituales o Zinkisi, aquellos que eran los mensajeros de Nsambi. Al recibir respuesta positiva de parte de ellos, él descendió con ellos a los mundos habitados. Los Zinkisi viendo la gran obra de Aluvaya, pasaron a tener los dominios de los mares, los caminos, los bosques, los ríos, la caza, la pezca, etc…

Los Zinkisi al apoderarse de los dominios de Aluvaya, pasaron a capacitar a los seres para realizar diversas proezas. Aluvaya al ver que estaba perdiendo su poder, decidió regresar a Nsambi alegando que los mensajeros lo expulsaron de su espacio. Nsambi resolvió darle a Aluvaya la misión de intermediario entre los dos espacios. Por eso Aluvaya es el intermediario entre Nsambi, los Zinkisi o Zimpungu y los Hombres. Con el transcurso del tiempo, los seres sintiendo la necesidad de Aluvaya, hacían sacrificios para llamarlo, ya que éstos quedaron dependientes de la sangre por él creada.

Como castigo, Aluvaya pasó a tener la responsabilidad de mantener la vida material a través de la sangre. Esta leyenda (Nmutalambo) muestra el por qué no conocemos directamente a Nsambi.

Así, fuimos formados por Aluvaya, de Nsambi recibimos a penas la esencia del espíritu, dada a través de Lembaranganga. Fue él quien precipitó los seres espirituales a materia.