Nsambi creó una pareja de cada clase de animal, y por fin, a un hombre y una mujer y se los llevó a vivir con él al cielo, donde gozaban de perfecta felicidad, pues el mal no existía por aquel entonces en el universo. En cierta ocasión, Nsambi (que acostumbraba a bajar frecuentemente a la tierra en busca de alimentos para todos), se encontró a orillas de de un río caudaloso unos ñames estupendos. Se los llevó al cielo y les advirtió a todas sus criaturas: “en el cielo hay muchísima comida. Pueden comer de todo menos estos ñames que reservo para mí”. Y como estaba muy cansado se acostó a dormir.
Pero ni los animales ni la primer pareja humana pudieron resistir la tentación. Vino un buey y se comió un ñame. Vino una vaca y se comió otro, luego el perro y la perra, el chivo y la chiva, el gallo y la gallina, y tras ellos cada uno de los animales hicieron lo mismo. Por fin no quedaba más que un ñame muy hermoso. Se acercó el hombre, lo vio y dijo: “qué sabroso debe estar, pero es de él y no puedo cogerlo”. Entonces la mujer dijo: “si Nsambi quiere ñames, que baje otra vez a buscarlos a la tierra. Vamos a probarlo”. Y golosos se comieron la fruta prohibida.
Cuando Nsambi despertó tenía mucha hambre. Fue a buscar sus ñames y al darse cuenta de lo sucedido encolerizó. Convocó a todas sus criaturas y les dijo: “han desobedecido a su Dios, ahora mismo abandonan el cielo y se me van a vivir a la tierra con el dolor, el trabajo, las enfermedades y la muerte. Yo me separo de ustedes, me voy muy lejos. Adiós”. Y todos tuvieron que ir a la tierra con su carga de males.
Y desde entonces Nsambi vive alejado de todos los humanos y para poder contar con él es necesario dirigirse a sus intermediarios: los Mpungos y los espíritus de los muertos.
Nsambi los akutare…






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